viernes, 14 de septiembre de 2012

Latorrijaentoloalto

Una cabeza amueblada como almoneda
Lo de la torrija en to lo alto no es nada excepcional, es más bien la norma de la casa.
Digo yo que debe tener que ver con la edad provecta que uno va cumpliendo, aunque -bien mirao- la confusión y el lío mental me han acompañado en todas las edades de la vida.
Es curioso, porque la gente me cree -o eso creo yo- una persona de ideas claras, con la cabeza bien amueblada, pero nanay de la china.
En mi cabeza se amontonan y mezclan las estanterías Strönholm de Ikea, con las mesas de formica y los sillones rococó, como en una almoneda del Rastro.
El caso es que, en estos tiempos que vivimos, al analizar los acontecimientos que se suceden, cada vez me cuesta más llegar a conclusiones precisas, formarme opiniones claras.
Siempre encuentro peros, siempre sospecho que hay alguna faceta de la realidad que se me escapa, que queda oculta, siempre acabo pensando algo y lo contrario.
Uno de los ejemplos más recientes es el de la Diada y la masiva manifestación independentista que se celebró el martes pasado en Barcelona. Por un lado, admiro y comparto el interés -y la necesidad- de preservar y reforzar la identidad y la cultura catalana, en beneficio de todos y todas, no solo de quienes nacieron o viven en Catalunya, sino de toda la humanidad que no puede permitirse merma alguna de su diversidad. No se si la mejor manera de lograrlo es la independencia, pero si así lo quiere una mayoría, por mi parte -desde el respeto- que así sea.
Por otro lado, siempre he pensado que los nacionalismos -empezando por el nacionalismo español- son de derechas, xenófobos y excluyentes. Y ya he confesado antes aquí que no soy patriota.
Mis opiniones y sentimientos son encontrados, y me pregunto por qué, precisamente ahora, en medio de esta crisis que golpea a los más débiles, se levantan tantas banderas de secesión. ¿A quien beneficia?
Me pregunto por qué se señala con el dedo -mirando al Sur- a las otras regiones y pueblos de España como causa de los problemas, de los recortes y las escaseces, en vez de señalar a una clase social, a quienes acumulan el capital y el poder en la propia casa. ¿Quién puede tener interés en desviar la atención? 
Siempre he creido que el dinero, el capitalismo, no tiene otra patria, dios o rey que el afán de lucro, y que cuando los poderosos agitan los instintos nacionalistas de las masas no es para repartir el poder sino para reforzar el suyo.
En fin, hay muchos más ejemplos, que ya comentaré otro día, de esta sensación creciente de que las cosas -respecto a la izquierda, o la religión, o los movimientos sociales, etc., etc.- no son tal y como parecen, o tal y como quieren que parezca que son.
Pero, ya digo, lo más probable es que estas sensaciones contradictorias sean consecuencia de la torrija que llevo en to lo alto, señal de que ya vamos chocheando. 

4 comentarios:

  1. Pues no parece que esté usted tan mal del tarro. Lo que usted piensa lo pensamos mucha gente que seguimos creyendo que la lucha que de verdad importa es la de clases y no la de pueblos. Pero el capitalismo sabe a lo que juega.
    Un saludo

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    1. Amigo Nono,
      No se si alegrarme de que haya más gente que comparte la torrija que llevo en to lo alto. Vivimos tiempos de fundamentalismos en los que no caben los matices, así que las perplejidades no se llevan nada.
      Yo también creo que el capitalismo juega, con nosotros y nosotras, como el ilusionista que desvía la atención para que no descubramos el truco.
      Y, a menudo, se nos cae la baba y decimos a coro:¡Ahhhhhhhhhhhhh!, mientras nos escamotean el pajarito.
      Gracias por tu comentario y un saludo para ti.

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  2. Muchos no tendríamos una cabeza tan bien amueblada como la que usted usa, ni llevando una boina de caoba. Y en estos tiempos que nos han mandado vivir, donde lo único cierto es la duda y la única creencia fiable es la del escepticismo, serena leer pensamientos que sin hacerte dudar los haces propios.
    Nunca fueron los ideales, las creencias ni las banderas a favor de la gente, siempre hubo quien se sirvió de ellas para erigirse en salvador, mesias o adalid de sus propios intereses. Que una cosa es tener ideas,y otra ideales. Que una cosa es tener ceencias, y otra creer sin renunciar a la capacidad de dudar. Que una cosa es sentir apego al pedazo de suelo en que naciste, y otra pensar en que hay un trapo lo bastante grande como para darle abrigo a todos y todas cuanto allí viven. Salud

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