viernes, 28 de septiembre de 2012

Para cambiar las cosas...


La incapacidad, la inoperancia de quienes nos gobiernan alcanza las cotas más altas. Pareciera que vivieran en otra galaxia.
Y la impunidad de los especuladores y los banqueros que provocaron la crisis es total.
Mientras, el desempleo, la emigración y la pobreza aumentan.
Cada día perdemos más derechos sociales, laborales, ciudadanos.
Y la indignación y la desesperanza de la gente crecen y crecen.
Así que no es raro que salgamos a la calle.
Lo extraño es que todavía no hayamos prendido fuego a los bancos y hayamos arrasado las oficinas gubernamentales.
Pero la indignación no debe nublar nuestra inteligencia.
Si lo que queremos -de verdad- es cambiar las cosas, es preciso que tengamos en cuenta algunas cuestiones elementales:
  • La diversidad es necesaria, imprescindible. Es fantástico que surjan mil iniciativas, cientos de grupos, decenas de plataformas... pero si cada cual va a su bola, nos sale más a cuenta quedarnos en casa. Diversidad si, fragmentación no. No es posible que a cada persona o grupo que se le ocurra una idea, por buena que ésta sea, convoque una movilización universal y pretenda que todo el mundo deje lo que esté haciendo para llevar adelante SU idea. El protagonismo no tiene cabida en esta coyuntura. Quienes no sean capaces de sumar y sumarse a las iniciativas comunes, de trabajar con los demás, de encontrar el mínimo comun multiplicador con el resto de la gente que quiere cambiar las cosas, están de sobra. Que les den.
  • La constancia es necesaria, imprescindible. No bastará con una sola movilización, con salir a la calle un día. Habrá que insistir e insistir. Pero la acumulación de convocatorias es contraproducente, quema al personal. No se puede acudir a una asamblea general los lunes, manifestarse por los servicios públicos los martes, concentrarse los miércoles para rodear los parlamentos y delegaciones del gobierno, ocupar las oficinas bancarias los jueves, montar cadenas humanas en los barrios los viernes, marchar hacia Madrid los sábados, y el domingo hacer un apagón y una cacerolada desde nuestras casas. No hay dios que lo resista. Ese ritmo de movilizaciones implica que solo unas pocas, muy pocas personas, siempre las mismas, puedan participar en ellas, y el objetivo debe ser movilizar a la mayoría social. Como dice el lema tan repetido "no tenemos prisa, vamos muy lejos". 
  • La profundidad del cambio que perseguimos es necesaria, imprescindible. No pretendemos hacer apaños cosméticos, superficiales, necesitamos cambiar el sistema (como dice el lema: "no somos antisistema, el sistema es antipersonas"). Pero si lo queremos TODO y YA, de golpe, estamos aviados (como decía Saul Alinsky, eso "significa creer en la revelación más que en la revolución") . Contra aquello tan poético de Mayo del 68, no es realista pedir lo imposible, y excluye a una mayoría de gente que no se va a movilizar precisamente porque lo ve imposible y, por lo mismo, inútil. No vale reivindicar que se vayan todos los políticos, se encarcele a todos los banqueros, se derogue la constitución y abdique el rey. Suponiendo que estemos de acuerdo con esos objetivos finales...¿por donde empezamos? Nuestras movilizaciones tienen que tener objetivos concretos, claros, comprensibles y asumibles para una mayoría de la ciudadanía.
  •  Es necesario, imprescindible, que las formas de acción sean adecuadas. Queremos movilizar a la mayoría de la población, hemos de conseguirlo si pretendemos que se produzcan cambios efectivos y profundos. Y eso significa que hemos de utilizar formas de acción y movilización que incluyan a la mayoría. Los excesos de banderas y los protagonismos sectarios auyentan a la gente. La violencia no puede tener cabida en las movilizaciones, pero tampoco la agresión verbal, el insulto. Quienes gritan "¡PSOE PP, la misma mierda es!", están excluyendo a millones de personas. Quienes gritan "¡Policia asesina!" están estimulando y sirviendo de pretexto a su intervención violenta. Hemos de utilizar la creatividad y la imaginación colectiva para inventar y desarrollar nuevas formas de reivindicación y protesta que sean eficaces y también sean satisfactorias para quienes las utilicen, para una mayoría de la población.
Se que muchas de estas cuestiones son polémicas o, cuando menos, discutibles. Pero, si lo que pretendemos no es solamente un desahogo, darle cuerda a la indignación, expresar nuestro cabreo, si verdaderamente queremos provocar un cambio profundo, un cambio de sistema, no nos queda otra que empezar por cambiar los viejos métodos de lucha.
Hace algunos días, antes de acudir a una manifestación, compartía en las redes sociales la siguiente reflexión: "Hay cosas del 25S que no veo claras, pero prefiero equivocarme con la gente en la calle que acertar solo en mi casa". Sigo pensando lo mismo y, aunque sea lleno de confusión, seguiré estando en la calle.

4 comentarios:

  1. Felicidades por la reflexión. Estoy de acuerdo en la mayoría de las cosas que planteas. Pienso que estamos quemando muchas energías y a mucha gente en una lucha en la que sobran protagonismos y mucha ingenuidad. Ojalá fuéramos capaces de pensar juntos y con generosidad en las formas de lograr esos cambios necesarios.

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    1. Gracias por tu comentario.
      No será fácil superar esos protagonismos y ponernos a pensar y trabajar juntos/as, desde la humildad. Me parece que eso va a requerir muchos cambios en nosotros y nosotras, para empezar.
      Que así sea.
      Un abrazote

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  2. Uuufff... El último punto es muy discutible, Fer. ¿A quienes excluimos al decir PSOE y PP la misma mierda es? ¿A quienes les votaron? Pese a la que han liado y están liando ¿De verdad volverían a votarles? ¿Queremos movilizar a los futuros votantes del PSOE y el PP? ¿Para que protesten contra quién? ¿Gritar 'Policía asesina' justifica su intervención violenta? ¿Y qué cosas justifica gritar 'ETA asesina', 'OTAN asesina'? En todo lo demás estoy de acuerdo.

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    1. Todo, por supuesto, es muy discutible.
      Esa es la intención de esta entrada: provocar la reflexión, el debate, la discusión...
      La pregunta clave, en mi opinión, es si queremos construir una nueva mayoría social capaz de cambiar las cosas o nos conformamos con desahogarnos, liberar nuestra justa rabia e indignación... aunque las cosas sigan siempre igual.
      Si la respuesta es lo primero, no nos queda más remedio que cuidar lo que decimos y hacemos. Con inteligencia y astucia pedagógica.
      ¿Todas las personas que votaron al PSOE (e incluso al PP), todos sus militantes, son gentes corruptas, estómagos agradecidos, borregos..."mierda"? Pues, entonces, apaga y vámonos porque no habrá forma humana de cambiar las cosas.
      Gritar "Policía asesina" no justifica -en ningún caso- su intervención violenta, pero suele cabrearles y provocar su intervención violenta, aunque sea sin justificación. Y eso hace que mucha gente, mayor, con niños, etc., evite acercarse a las manifestaciones que cree pueden acabar de forma violenta. ¿Queremos que esa gente se sume a las manifestaciones?
      Personalmente creo que no hay otro camino que las estrategias de acción no violenta.
      En fin, el debate es largo y muy interesante, y tal vez deberíamos buscar otros espacios para llevarlo a cabo ¿no te parece?
      Besotes amigo.

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