viernes, 7 de septiembre de 2012

¿Síndrome?... el de Estocolmo

Acción de desobediencia civil del CIRCA
La nuestra es también, entre otras categorías que la definen, la "Sociedad del Síndrome": hemos desarrollado síndromes y patologías para todos los gustos y situaciones.
Un clásico de esta época del año es el "síndrome postvacacional", o sea, el encabronamiento que implica el regreso a la rutina de la vida cotidiana tras disfrutar de unas semanas de vacaciones.
Claro que es un síndrome reservado a quienes tenemos un trabajo al que regresar, en todo caso mucho mejor que el "sindrome de la invisibilidad" que afecta a las personas desempleadas que, al quedarse al margen del engranaje productivo y no poder participar de los rituales del consumo, acaban por sentirse invisibles en esta sociedad nuestra.
Aunque, quienes -todavía- conservamos un empleo, cada vez más precario, debemos prevenirnos ante el "síndrome del trabajador consumido", que incluye fatiga crónica, como consecuencia del estrés laboral que puede acentuarse por la incertidumbre en el futuro próximo.
También, exprimidos por la crisis y teniendo en cuenta la subida del IVA que nos recibe en septiembre, con otra contracción del consumo privado, cabe la posibilidad de que nos afecte el "sindrome de abstinencia consumista" propio de quienes hemos tenido que pasar de la orgía del consumo desaforado a la adhesión inquebrantable a las marcas blancas, las ofertas del día y los espectáculos gratuitos.
Asi que no te agobies mucho si el tuyo va de "sindrome de diógenes". Con un pequeño cambio de orientación, la acumulación de basura puede llegar a convertirse en una virtud cívica. El reciclaje es el futuro. Estos son tiempos de no tirar nada, por lo que pueda venir.
Pero lo que si es seguro es que, como sociedad, nos afecta gravemente el "síndrome de estocolmo" que nos lleva a simpatizar con quienes nos condenan a una vida sin perspectivas.
El capitalismo nos ha convencido de que sus víctimas somos las primeras interesadas en garantizar su supervivencia, al coste -para nosotros y nosotras- que sea.
Y, encima, quienes nos secuestran -con una deuda que costará varias generaciones pagar- nos amenazan con "rescates" que no son sino nuevas formas de apretarnos la soga al cuello.
En fin, recordando aquello que decía Ghandi -"nadie esta obligado a cooperar en su propia pérdida o en su propia esclavitud. La desobediencia civil es un derecho imprescriptible de todo ciudadano"- podríamos convertir esa desobediencia civil en el síndrome colectivo de moda ¿No te parece?

4 comentarios:

  1. Me ha encantado; muy bueno el análisis.

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    1. Gracias, Felipe!! Es un placer y un honor "verte" por aquí. Un abrazote

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  2. Muchas simpatías a banqueros, especuladores y políticos no parece que les tengamos. Más bien nos cagamos continuamente en todas sus castas, y son muy altos los niveles de desafección hacia la política y los políticos. Pero ese rechazo no se convierte en re-acción política sino que parecemos resignados. Es la resignación y la acomodación la que nos mantiene en esta situación de abatimiento. Nos han convencido de que no hay nada que podamos hacer por cambiar las cosas y de que, en todo caso, supone mucho esfuerzo intentarlo. Así que nuestro síndrome es el de los borregos que van al matadero.
    Un saludo

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    1. Pues si, Manuel, otro síndrome que podemos sumar a la lista.
      Nos toca trabajar(nos) a los borregos para tomar conciencia del absurdo y superar el acomodamiento, y practicar la desobediencia civil: no queremos seguir avanzando hacia el matadero para engrosar las cuentas corrientes de los matarifes. Que les den!
      Gracias por tu comentario.
      Un abrazote

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