domingo, 28 de octubre de 2012

La omertá

La omertá es la ley del silencio que impone la mafia a sus miembros. Quien se vaya de la lengua que se atenga a las consecuencias.
Estos días pasados, caminando bajo la lluvia por las calles mágicas de Santiago de Compostela, hablábamos -como no- de la puta crisis.
David decía que es necesario bracear tres veces más para no retroceder demasiado, que la supervivencia de las pequeñas organizaciones, de las pequeñas cooperativas, empresas o asociaciones, es ya de por si un milagro, todo un logro en los tiempos que corren.
Me hablaban, él y Jorge (que tiene una familia fantástica, con tres hijos adoptados de pieles oscuras) de los derroches del pasado reciente (cuando "vivíamos por encima de nuestras posibilidades"), a cuenta del caso ejemplar de la Ciudad de la Cultura compostelana, un proyecto megalómano que nadie sabe como culminar y menos aún como llenar de contenido y sentido.
Y buscábamos culpables.
Encabezando la lista están -siempre lo están- los políticos, los especuladores y los banqueros, en comandita, haciendo piña, confundiéndose entre sí, apoyándose mutuamente, de espaldas al pueblo.
Pero esto es lo fácil. Lo que es menos satisfactorio es reconocer que quienes nos llevaron al borde del desastre contaron con nuestra complicidad y silencio.
No nos atrevíamos a levantar la voz ante los despropósitos sin límite que se produjeron de manera generalizada, no fuera a ser que nos señalaran con el dedo y nos excluyeran de la fiesta.
Resulta alentador ver ahora nuestras calles llenas de "mareas" de distintos colores, constatar como se movilizan en defensa de los servicios públicos las personas que trabajan en el sistema sanitario, en el sistema educativo, en los servicios sociales, o como protestan quienes trabajan en la administración pública, incluyendo a la propia policía.
Pero... ¿hasta ahora no hemos caido en la cuenta del deterioro de los servicios públicos, del fracaso del sistema educativo, de la degradación del sistema de salud, de la burocratización e ineficacia de la administración, de la descomposición de la propia democracia? ¿Por qué nos hemos mantenido todos estos años en un silencio cómplice y solo salimos a la calle cuando nos tocan los puestos de trabajo o los salarios? ¿Acaso no nos hemos atrincherado en nuestra comodidad, dedicándonos a echar balones fuera, argumentando que no era nuestra competencia, que para eso elegíamos cada cuatro años a los políticos?
La crisis tiene una cara dramática, terrible, especialmente para quienes están al final de la cola en el reparto del bienestar, para las personas y grupos sociales más débiles.
Pero tal vez tenga también su lado positivo, quizás nos obligue sin remedio a cambiar, a salir de nuestras "zonas de confort", a romper con la ley del silencio, a asumir nuestra responsabilidad y comprometernos -sin excusas- con el buen funcionamiento de lo común.
Ojalá.    

6 comentarios:

  1. Podemos empezar por hacernos fuertes contra los malos. No es mal comienzo. ¿O si es un mal comienzo? No lo sé estoy despistado. Me imagino que una cosa y la otra. denunciar a quienes se benefician de esta situación y luego apechugar cada uno con lo nuestro, que no es poco.
    Es tiempo de oportunidades. Asi lo vivo yo. Y también es oportunidad para darnos cuenta de algunas cosas y probar a hacerlo diferente.
    Y me imagino que para ese hacer diferente habrá que apostar por crear los espacios protegidos lo suficiente como para probar a cambiar.
    Un beso

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  2. Querido Asierchu, no es mal comienzo -en mi opinión- señalar a los malos, a los principales culpables, a quienes se benefician de esta situación. Pero, como tu dices, apechugar también con lo nuestro. No aceptar, nunca más, el silencio complice. No utilizar a los malos como coartada para no hacer lo que nos toca. Yo creo contigo que este es también un tiempo de oportunidades ¿Es posible hacerlo peor? No. Pues entonces... ¿qué arriesgamos probando a cambiar, a hacerlo diferente?
    Besotes pa ti (y para Maren, Martín y su Ama)

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  3. Las protestas en la calle no dejan de ser una lucha de craneos contra porras, estéril en la medida en que se harán mas débiles en la medida que el sistema vaya reabsorviendo a una parte de los descontentos o amedrentandolos en una espiral de violencia cohercitiva y legislativa. Dicho esto entiendo que es inevitable y a la vez necesario demostrar la indignación causada por tantisimas injusticias. Pero el poder politico y realmente democrático no se puede lograr merced a las concesiones de los establecidos en dicho poder cuyo único interes es apuntalar sus propias estructuras, tapando a sus corruptos, obedeciendo a quienes les mandan y beneficiando a quienes los mantienen.
    Humildemente pienso que solo con la creación de nuevas estructuras políticas se puede resetear el sistema operativo desde dentro para expulsar a los virus que destruyen el sistema operativo...( Joé, que parábola que má salío)

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    1. Querido Miguel,
      Una vez más, gracias por frecuentar este rincón y por dejar en él tu huella. Ese es el sueño: que este sea un lugar para el diálogo, para el intercambio de ideas, para soñar otro mundo posible.
      La "metáfora informática" te ha quedao redonda. (Roguemos a los dioses para que no se haya jodido el disco duro y que sea suficiente con resetearlo). Creo, como tu, que sobran virus y que tenemos que cambiar de informáticos. Los que tenemos van a lo suyo y no arreglan nada.
      Tal vez no nos quede otra que volver al lapiz y el papel.
      Un abrazote

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    2. La situación se me antoja insostenible. La lujuria se ha hecho furte en los cenáculos y en otras anatomías del la tejido social. No hay tregua para los paseantes y se dispara contra los poétas de forma indiscriminada,perdiéndose para siempre sus sonetos.
      Volver al lápiz y al papel no es un remedio, sino una necesidad que se hace perentoria ante tanto dislate telematico.

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    3. Gracias por tu comentario, Locuaz. No se muy bien como encaja con la entrada, pero me parece lleno de poesía y muy bellamente escrito, por lo que me alegro de que -aunque sea forzado por la situación- regreses al papel y el lápiz. Me encantará leer otras reflexiones tuyas.

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