Tal vez fuí vacunado por una infancia y una juventud de excesos retóricos, de empacho de banderas, himnos y discursos.
Una vacuna de estrafagamiento patriótico.
Comprendo, claro que si, a quienes defienden su identidad cultural, su lengua, su folklore, su idiosicracia y su historia colectiva... porque creo que la diversidad -también en la cultura- nos enriquece a todas las personas, al conjunto de la humanidad.
Me parece un auténtico desastre que se pierda una lengua o una cultura, por minoritaria que pueda ser, para disolverse en el pensamiento único, en el puré de la homogéneidad global y de la colonización cultural (en inglés, of course).
Busquenme siempre para defender, donde sea preciso, la diversidad.
Y amo a mi país, a sus paisajes y a sus paisanajes, diversos y contradictorios. Me siento orgulloso de la sucesión de mestizajes que recorren su historia.
Pero de ahí al patriotismo hay -al menos para mi- una distancia enorme.
Todos los patriotismos destilan -en mi opinión- un tufillo de superioridad (que esconde fácilmente un complejo de inferioridad), una afirmación de lo mío por encima de lo ajeno y, con frecuencia, una pérdida del sentido autrocrítico para entregarse a la exaltación irracional del propio ombligo.
Y es que, además, no solo hay patriotismos referidos a una nación, un pueblo, una raza, es que abundan los patriotas de su pueblo, su barrio, su calle y hasta su casapuerta.
Lo suyo es siempre lo mejor, aunque no conozcan -y no quieran conocer- nada más que lo suyo.
Veo en la televisión y los medios de comunicación a patriotas insignes que se indignan porque se pite un himno o se queme una bandera, pero les importa un pimiento que en su "patria" haya gente con hambre, se degrade la educación y la salud, o se desaucie a familias enteras...
Veo a muchos estafadores de cuello blanco que se envuelven en la bandera para robar a sus conciudadanos, a muchos (y muchas) politiquillos populistas que excitan las más bajas pasiones patrioteras del personal para enmascarar su propia ineptitud o corrupción.
Tal vez me haya quedado anclado en aquella definición de la patria que, hace muchos años, cantaba Chicho Sanchez Ferlosio y, después, Quilapayún:
"Dicen que la patria es
un fusil y una bandera.
Mi patria son mis hermanos
que están labrando la tierra."
un fusil y una bandera.
Mi patria son mis hermanos
que están labrando la tierra."



