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| Beppe Grillo |
Nuestros políticos nos toman por tontos y tontas, mienten sin escrúpulos, dicen lo opuesto a lo que antes dijeron, dicen lo contrario de lo que después hacen, utilizan un amplio catálogo de eufemismos para decir "tomate" cuando es "rescate", para no llamar a las cosas por su nombre, como si no nos fuéramos a enterar, como si fuéramos gilipollas.
No, nuestra clase política no está a la altura de las circunstancias, y no hablo solo de España ni solo del gobierno, hablo también de la oposición, del conjunto de nuestros dirigentes políticos y sociales, en Europa y en el mundo, que parecen no tener ni idea de qué hacer frente a la crisis que no sea preservar los intereses de las minorías privilegiadas mientras se empobrece la mayoría de la población.
A la mediocridad de nuestros políticos respondemos la ciudadanía con una progresiva desafección hacia la política y hacia la democracia.
Y, en medio de la oscuridad del lenguaje político, del fracaso y el ridículo de los profesionales de la política, emergen, como tablas a las que agarrarse, los cómicos que se rebelan, los bufones que le salen respondones al emperador desnudo.
Cabe mencionar aquí al genial Leo Bassi, que en los últimos años ha venido siendo un agitador de conciencias frente a las posiciones más reaccionarias.
Hace un par de años ya nos conmovió el triunfo del "Partido Mejor", liderado por el cómico islandés Jón Gnarr, que ganó las elecciones al ayuntamiento de Reikiavik.
Más reciente aún es el caso de Beppe Grillo y su movimiento "Cinco Estrellas", que fué la sorpresa de las últimas elecciones municipales italianas.
Y en los EEUU ha tenido una gran repercusión el cómico Stephen Colbert y sus iniciativas poniendo en evidencia el sistema electoral americano.
Y todo esto viene a cuento de la última del Gran Wyoming, que ya nos tenía acostumbrados a sus reflexiones sociales y políticas, pero que se ha soltado la melena en un discurso en el que se ha despachado con el gobierno Rajoy y que está teniendo una gran proyección en las redes sociales.
Creo que, todos ellos, son ejemplos de cómo, cuando la política es de risa, los cómicos se convierten en referente de la política.
Pero el asunto, por divertido que pueda resultar, es peligroso.
Y aunque sea transgresor y refrescante, no es un buen síntoma que sean los cómicos quienes hayan de construir el discurso político, profundizando inevitablemente en el descrédito de la política.
La historia nos recuerda que los escenarios de crisis económica y pérdida de confianza ciudadana en la democracia son el caldo de cultivo propicio para que surjan los populismos y los fascismos.
Algo de eso debe tener que ver con el fuerte crecimiento electoral de la extrema derecha en Grecia, en Francia, en toda Europa.
Así que, por la cuenta que nos tiene, es necesario y urgente dignificar el ejercicio de la política.
Tal vez, la mejor receta para ello sea no dejarla en manos de los políticos. Okuparla.
Que sean los comicos si, pero también los profesores y las estudiantes, y los fontaneros y las comerciantes, y los albañiles y las arquitectas, y los amos de casa y las pequeñas empresarias, y los parados y las jubiladas, y etcétera, etcétera, quienes hagamos la política. Refundando las organizaciones políticas y reinventando las formas de hacer política.
¿No te parece?


