viernes, 18 de enero de 2013

Mosquitos mal avenidos

Desde la primera vez que la escuché, siempre me ha gustado la parábola del "Rinoceronte y la Nube de Mosquitos" que utiliza Mandred Max Neef para explicar la forma de combatir el neoliberalismo.
El dice, desde hace muchos años, que el capitalismo es como un rinoceronte desbocado y que la manera de enfrentarlo es atacarlo como una nube de mosquitos, por todas partes y al mismo tiempo, hasta hacerlo enloquecer y huir.
Porque -dice también- los mosquitos tienen dos cualidades fundamentales: aunque son extremadamente pequeños actúan unidos, y carecen de un jefe, de manera que, por muchos que mate el rinoceronte, no dejaran de asediarle.
Creo que la parábola viene muy bien para ilustrar la realidad de las fuerzas que pretenden construir otro mundo posible.
Nos habla de que, quienes intentan hacer frente al capitalismo depredador, son actores muy diversos, organizados en mil grupos diferentes, como los mosquitos de la nube.
Nuestro tiempo ya no es más el del partido único, la vanguardia leninista, el "centralismo democrático" y la dictadura del proletariado. La historia nos ha enseñado que en nombre de grandes objetivos de igualdad y justicia se pueden cometer las mayores brutalidades, sofocando la libertad y el pensamiento crítico, compitiendo en crueldad e infamia con aquello que se pretendía combatir.
El siglo XX nos vacunó -afortunadamente- contra los modelos organizativos autoritarios basados en la renuncia a pensar por uno/a mismo/a, en la obediencia ciega al líder.
Así pues, la diversidad de los mosquitos, lejos de ser un obstáculo, se revela hoy como un valor fundamental... siempre que sean capaces de actuar unidos.
Pero, mientras el rinoceronte arremete con más fuerza que nunca, los mosquitos del siglo XXI están disputando entre ellos, divididos, debatiendo si han de atacar con sus aguijones primero a los ojos o a los testículos de la bestia.
Se trata, sin duda, de un vicio residual del pasado, de una reminiscencia de la incapacidad histórica de la izquierda para reconocer la diversidad -el disenso, la discrepancia- sin comprometer por ello la unidad de acción.
Es bien sabido que la izquierda ha crecido frecuentemente por vía de la escisión y el cainismo.
Cuando yo era muy jovencito, en las postrimerías del franquismo, proliferaban los grupúsculos que empleaban buena parte de su tiempo "revolucionario" en afirmarse frente a otros. Uno de los que mejor recuerdo era el PAP, el "Partido Auténtico del Proletariado". Eran poco más de cinco o seis personas, algunas de las cuales acabaron después en los sectores más reaccionarios del pensamiento político. Se autoproclamaban, como su propio nombre indicaba, los genuinos representantes de la clase obrera. Pero lo más divertido es que se disputaban esa condición con otros partidos igualmente "auténticos".
Recuerdo ahora aquella situación ridícula porque aún hoy seguimos discutiendo sobre "autenticidades" y "purezas", y siguen surgiendo nuevas organizaciones políticas que nacen de la negación del otro.
No digo que ese sea el caso, pero en estos días se ha presentado el Partido-X, Partido del Futuro, y su aparición ha disparado las polémicas, las adhesiones entusiastas y las críticas despiadadas.
A mi también me plantea dudas y preguntas, que espero resolver con el tiempo, pero me parece que, para empezar, hay que reconocerles una cosa: están removiendo la reflexión y el debate, aunque no sea siempre respetuoso.
Y, por otra parte, creo que -con todas las incongruencias y contradicciones que puedan tener- ponen el acento en una cuestión clave: la necesidad de cambiar radicalmente la forma de hacer política ("abierta, horizontal, transparente, cooperativa y respetuosa").
Volviendo al rinoceronte, creo -en mi modesta opinión- que, en estos tiempos de confusión, hay al menos tres cosas que los mosquitos podemos tener claras:
  • Nuestros sueños: el objetivo urgente de cambio y transformación de la realidad para construir otro mundo posible. O paramos al rinoceronte desbocado o nos conduce directamente al desastre.
  • Nuestra incertidumbre: no tenemos ni puñetera idea de cómo vencer al rinoceronte. Las viejas respuestas ya no funcionan. Hay que construir nuevas estrategias y formas de acción política. 
  • La plena convicción de que esas estrategias, el camino para la transformación social, para acabar con el rinoceronte, hay que construirlo entre todos y todas, uniendo voces, sumando fuerzas, desde la participación ciudadana  y la inteligencia colectiva, desde el respeto a la diversidad.    
Creo que, en la izquierda -o, si se prefiere, en las fuerzas políticas transformadoras (por oposición a las conservadoras)- siguen sobrando protagonismos, prepotencia y sectarismos, estereotipos y prejuicios, simplificaciones burdas que reducen al otro a una caricatura.
Y falta humildad, escucha activa y respeto por el otro.
Como ya preguntaba hace algún tiempo: ¿seguro que nuestro principal enemigo es el rinoceronte?

6 comentarios:

  1. El Partido X dice no ser de izquierdas ni de derechas, que no tiene ideología sino métodología. Así que no tiene mucho sentido meterle en mismo saco que al resto de la izquierda ¿no?
    Un saludo

    Ana

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu comentario, Ana.
      A mi me extraña esa declaración de "no ideología" del Partido-X. Me parece que es para no asustar a nadie, para tratar de incluir al máximo de gente. Pero, tener ideología es tener un conjunto de valores y no creo que no haya nadie sin ella. Y me parece imposible incluir a todo el mundo, por mucho que se busque un "mínimo común multiplo".
      ¿Cuales son los valores del Partido-X? ¿Qué posición tiene ante la igualdad, el reparto de la riqueza, la participación y el reparto del poder...?
      A mi me huele a "izquierda" (o a valores transformadores, por oposición a los conservadores). Pero el tiempo lo dirá.
      Un besote para ti

      Eliminar
  2. Querido Fernando, unos minutos para compartir contigo en tu blog, que hace tiempo no te saludo :)

    Coincido en mucho de lo que dices, pero quisiera centrarme en esa intuición de que la transformación debiera venir de la izquierda o fuerzas/ideologías transformadoras. Sin negarlo, pienso que ya no es tiempo de estereotipos ideológicos basados en etiquetas que heredamos de la revolución francesa y evolucionamos hasta hoy día; me parece una taxonomía agotada, no porque en sí no haya sido útil sino porque ya trae más inconvenientes que ventajas a mi modo de ver.

    Modestamente creo que la diferencia ideológica habría que basarla en las diferentes maneras de transformar la sociedad, no tanto en el objetivo, y que ese objetivo no debiera ser más que la búsqueda del bien común de las personas. El cómo admite debate, el objetivo a lo mejor no tanto.

    Esto no es buscar un pensamiento único puesto que habrá muchas maneras de conducir a ese objetivo; pero sí un fin único, que sea deseable y por tanto compartido, que de ahí vendría la unidad que coincido en demandar contigo.

    La etiqueta ideológica, entonces, no sólo me parece caducada para estos fines, sino contraproducente porque -tú lo afirmas, y yo lo constato- en la izquierda se dan sectarismos y tendencias desintegradoras, a la vez que en la derecha se dan situaciones de igual o mayor perjuicio, como la tendencia reaccionaria, modelo económico ultraliberal consumista, etc.

    Como ejemplo, esa ilusión que el 15M generó indiferenciadamente en personas de todo tipo de posturas creo que correspondía a una voluntad compartida de tender al bien común (arreglar las cosas, hacerlas mejores, etc) por encima de diferencias y precisamente se ha reducido a un débil hálito casi extinguido por haber sido etiquetado ideológicamente, no te parece? Para mí, por encima de la manipulación política e intentos de apropiación que se han hecho por parte de los diversos partidos y movimientos, el quid de la caída de la ilusión compartida sin divergencias que una vez hubo alrededor del 15M, estuvo en esas etiquetas.

    Bueno, ya está bien de rollo :) Un fuerte abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Querido Emilio,
      En primer lugar, gracias por tu visita y por tu comentario.
      Desde luego, si es cuestión de "etiquetas", acabemos de una vez con todas ellas.
      Pero creo, como tu apuntas,que lo importante es qué objetivos nos proponemos y que medios utilizamos para alcanzarlos. O sea: ideología.
      Creo que debemos perderle el miedo a la palabra ideología, todas las personas tenemos una, un conjunto de valores que orientan nuestra vida, para bien o para mal.
      No comparto contigo la visión de que los valores de la Revolución Francesa estén agotados, creo que la "libertad, igualdad y fraternidad" siguen de plena actualidad, inéditas en una gran parte del mundo.
      Para mi, algunos de los valores que definen a la izquierda -y que han sido históricamente traicionados muchas veces, y todavía lo son cada día, por quienes se proclaman "de izquierda"- son precisamente la apuesta por la igualdad entre todas las personas, por la libertad, la emancipación de todas las personas, la universalidad de los derechos humanos, por el reparto solidario, de la riqueza, del poder -la democracia participativa-, del saber (la educación para todas las personas)...
      Esos valores no son patrimonio de quienes se "dicen" de izquierda, sino de quienes viven -o tratan de vivir- conforme a ellos, se etiqueten como se etiqueten. Dime COMO vives y te diré cuales son tus valores.
      En mi opinión, esos valores son imcompatibles con la acumulación (de riquezas, de poder...), con la desigualdad, con la explotación del ser humano, etc., etc., o sea, son imcompatibles con el capitalismo.
      Pero, no me enrollo más, si lo que quieres decir es menos etiquetas y más valores (llevados a la práctica), entonces estamos mucho más de acuerdo de lo que parece (de lo cual estoy seguro).
      Otro fuerte abrazo para ti.

      Eliminar
    2. Estamos de acuerdo. Por matizar, los valores de finales del XVIII no los discuto, al menos no en mi comentario anterior. Lo que sí discuto es las etiquetas de izquierda y derecha generadas desde entonces. No es que crea que haya que abolirlas, sino superarlas. Y en cuando a la palabra ideología, no es miedo, sino que personalmente la uso poco ya que la incluyo implícitamente en mi cosmovisión, concepto más amplio y que acapara más mis reflexiones que la ideología, sin eludir a esta última. Un abrazo.

      Eliminar
    3. Ya sabía yo que estamos mucho más de acuerdo de lo que pudiera parecer. Personalmente, he tenido la oportunidad de conocer gente "de derechas" que eran extraordinarias personas, buenas y generosas, comprometidas con el bien común... y gente "de izquierdas" que no había por donde cogerlas. O sea, por encima de todo las personas, su calidad y calidez humanas.
      Pero, mientras las superamos, esas etiquetas nos sirven -al menos a mi- para nombrar dos grandes tendencias ideológicas, dos sistemas de valores presentes en nuestro mundo.
      Ole por tu cosmovisión que, conociéndote solo un poquito, seguro que es luminosa.
      Otro abrazo.

      Eliminar