viernes, 11 de enero de 2013

Pobres con clase

En los medios de comunicación se ha hablado estos días de la "estigmatización" de la nueva pobreza, de la vergüenza que tiene mucha gente de reconocer que lo está pasando mal, que necesita ayuda.
Si ya es una putada estar en paro, no poder pagar la hipoteca o el alquiler de la vivienda, carecer de medios para atender a las necesidades básicas... además, esta mal visto ser pobre.
En la sociedad consumista hay que consumir, cambiar de móvil, de coche, vestir a la moda, tener una televisión de plasma de 108 pulgadas, o varias... Es la cultura del "usar y tirar".
Se trata de transmitir una imagen de poderío, de éxito económico. Y si no puedes seguir el ritmo del consumo, entonces eres una mierda, no vales nada.
Claro, así se entiende la frustración, la vergüenza de tanta gente que tiene que recurrir a los bancos de alimentos, a los comedores sociales, a la ayuda social... para poder sobrevivir.
Pero conviene recordar que todo eso es basura ideológica, pura comedura de coco para espolear nuestro miedo, el silencio y la sumisión.
La sociedad del derroche es una gran mentira, porque es insostenible, solo puede mantenerse a costa de que unos pocos acumulen mucho y otros muchos carezcan de lo necesario.Y, además, es altamente peligrosa porque -aunque hubiera dinero para toda la gente y capacidad ilimitada de consumir- no hay planeta que resista los crecientes niveles de consumo.
Por eso se impone apostar por el decrecimiento y sus 7 "erres": Revaluar (revisar nuestros valores), recontextualizar (modificar nuestras formas de interpretar la realidad), reestructurar (adaptar las estructuras económicas y productivas al cambio de valores), relocalizar (producción y consumo a escala local), redistribuir (el acceso a los recursos), reducir (limitar el consumo), reutilizar (tender hacia bienes durables y a su reparación y conservación) y reciclar (en todas nuestras actividades).
Todo eso no es un nuevo invento, ya lo conocíamos, aunque lo hayamos olvidado.
Cuando yo era chico, se heredaba el abrigo del abuelo (señal de que era un gran abrigo), se cogían los puntos de las medias, se le daba la vuelta al cuello y los puños de las camisas, se hacían croquetas con los restos del cocido... Y eso no era un desdoro para nadie.
Como dice uno de los lemas del decrecimiento: "vivir con menos es mejor".
Es preciso poner de moda la austeridad y el reciclaje, recuperar la dignidad de la pobreza.
No hemos de avergonzarnos de ser pobres, de vivir con lo necesario, con lo justo.
Pero, eso si, hemos de ser "pobres con clase", con conciencia de clase, conscientes de que unos pocos -la clase alta, nuestro "enemigo de clase"- acumulan mucho más de lo que necesitan, a costa de que muchos carezcan de lo básico, de poner en peligro el medioambiente y la supervivencia de la especie humana.

4 comentarios:

  1. Los tiempos cambian pero el l hombre no. Seguimos siendo un inmenso rebaño de ovejas guiadas por mas de un pastor.La sociedad del consumo y del bienestar lo unico que hace es consumirnos a nosotros mismo como persona y mientras las clases privilegiada se rie en su sillon de cu-euro al ver bajo sus pies a tantos pobres recogiendo sus migajas.
    Muy buen articulo, me alegro a ver llegado a tu blog.Saludos

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    1. Gracias por tu comentario Miguel.
      Me parece una buena imagen esa de la sociedad de consumo que nos consume.
      Espero que, una vez que has llegado hasta aquí, no dejes de volver en cuantas ocasiones te apetezca.
      Un saludo cordial

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  2. Ya sabes que secundo todo palabra por palabra... Tu maravillosa genética hace estragos y dá unos frutos maravillosos... a la vista está en tu maravillosa hija, que aunque pobre, tiene una clase que no se puede aguantar!! ;).... Todo sea por poner una sonrisa a esta perra vida en la que nos ha tocado vivir y nos enseña que es necesario luchar por lo que queremos... Un mundo mas justo... Te quiero

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    1. Jajajajaja. Una hija maravillosa -con mucha clase- cuya mejor virtud es la modestia. Lo de la sonrisa me parece una buena medicina.
      Yo también te quiero.

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