viernes, 8 de marzo de 2013

Las emociones

Mi amigo Manuel es un tipo duro. Los caminos de su vida han transitado por tierras difíciles: la droga, el alcohol, la cárcel, la calle... y ha tenido que endurecerse para poder sobrevivir a todo ello.
Cuando se siente amenazado o agredido se pone en guardia, cierra los puños y respira agitado enseñando los dientes, como un perro a punto de atacar. Da miedo.
Pero hace algún tiempo que Manuel decidió cambiar el rumbo, tomar las riendas de su vida y reconstruirse como persona.
Sus principales motivos tienen que ver con la dignidad. Quiere que sus amigos y su familia no se avergüencen de él, poder caminar con la cabeza bien alta.
Y por eso ha dejado la calle, ha pasado por una comunidad terapéutica, ha regresado al centro de educación de personas adultas y participa en un proyecto que acompaña a personas sin hogar que buscan una nueva oportunidad. Ahí le he conocido yo.
Manuel escribe de vez en cuando en el blog que tratamos de construir en grupo. Sus relatos están siempre llenos de sentimientos y recuerdan indefectiblemente la memoria de su madre.
Cuando le toca leer sus escritos, Manuel no puede aguantar las emociones y se le saltan las lágrimas. El otro día, mientras se sorbía los mocos, me decía: "Jopé, con lo duro que he sido yo y aquí me ves que no puedo acordarme de mi madre sin echarme a llorar."
Yo creo que las emociones desbordadas y las lagrimas de Manuel son un logro más de su proceso personal.
A mi también me educaron en esa terrible máxima que decía "los hombres no lloran hasta que tienen las tripas en la mano", y será por los años que vamos cumpliendo pero cada día soy más sensible a las emociones y tengo menos miedo de reencontrarme con ellas.
Por eso traigo hoy aquí tres historias que me han conmovido últimamente.
La primera es una historia de niño y perro, lo que es casi garantía de emociones. Es también una historia que me hace pensar en la inocencia y la libertad perdida, en el gusto de meterse en todos los charcos y también en la amistad y en el cuidado mutuo.    


La segunda es una historia de gente en la calle, Andrea y Emilio, y también me habla de la bondad, y la alegría, y la generosidad de quien nada tiene y desea felicidad para las otras personas.


La tercera es una historia de madres e hijos. Es quizás menos auténtica, porque forma parte de una campaña publicitaria y está dramatizada, pero por ella me he acordado hoy de Manuel y de su madre añorada (y también de la mía). Con ella y con un puñado de jóvenes mamás, disfrutamos el otro día, compartiendo lágrimas en las redes sociales.

Hoy quiero dejar aquí este tributo a las emociones, que forman parte de lo mejor de la vida, que nos hacen sentir que estamos vivos, que somos frágiles y al mismo tiempo fuertes, que necesitamos a las demás personas, el cariño, la ternura, el calor de un abrazo.

8 comentarios:

  1. Me identifico con vosotros en este encuentro con las lágrimas paralelo al paso de los años. Me he quedado con eso que comentabas de Manuel, cuando decías que ese resurgir del llorar quizás tenía que ver con su proceso de desarrollo personal y me he recordado pensando lo mismo de mi mismo ante mi progresiva capacidad de emocionarme ante la más mínima oportunidad. Muchas gracias por el obsequio de estos vídeos! Un abrazo, Fernando.

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    1. Querido Manel, no sabes cuanto me agrada saberte parte de ese grupo de hombres que vamos aprendiendo a emocionaros más cada día. Yo también creo que ello habla de crecimiento personal. En cuanto a los videos, les tengo echado el ojo a algunos más, que iré compartiendo muy a gusto, aunque solo sea para corresponder a los muchos otros que he podido descubrir gracias a tus búsquedas. Pues eso, gracias.

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  2. Hubo una vez una niña a la que traicionaban las lágrimas. Cualquier gesto de amistad, de honor, de compasión, de amor, cualquier dolor, incluso la alegría, la hacían sentir desprotegida y expuesta por su incapacidad para evitar que sus ojos se desbordasen mostrando al mundo sus emociones en cualquier momento. En la adolescencia desarrolló pequeñas tretas para escabullirse y conseguir así, al menos, esquivar las miradas. Y así siguió, durante mucho tiempo. Hasta que un día, en un aula, no pudo o no quiso escapar. Fue un pequeño gesto de un compañero hacia otro, el culpable. Y, en segundos, las lágrimas resbalaron sin control por sus mejillas delante de un buen grupo de chavales a los que miró a los ojos. Sonreían con cariño. Y miraban con respeto. Y lo que hasta entonces la hacía alejarse la acercó a aquellos chicos como nunca. No se escondió más.

    Es un sabor muy dulce, el de la sal de las lágrimas. Me alegro mucho de que lo hayáis descubierto, por vosotros y por los que tenemos ocasión de saborear esa y otras dulzuras que compartís.

    Gracias, Fernando, por las historias, las personas, los vídeos y la emoción que envuelve este precioso regalo.

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    1. Gracias a ti, de verdad, Marta, por tu comentario, por compartir tu hermosa historia (¿es la tuya?), y sobre todo por ese comentario que le has dejado a Manuel en "Una Mirada en la Calle", que a mi me ha emocionado y a él le va a conmover hasta las trancas y le va a llenar de felicidad. Ya te responderá él.
      Un fuerte abrazo

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  3. Yo soy de los que crecieron en el ala de un padre que se emocionaba continuamente. El llevaba unas elegantes gafas de sol con cristal verde y pasta amarmolada que estarían a la moda en esta epoca. Yo dejo caer lagrimones a la primera de cambio. Hoy me pasaba leyendo un comic. Me cuesta hacerlo en publico, aqui es dónde debo de estar adiestrado, muevo la boca apretando emociones,... es que me puedo emocionar muy facil y por menos de nada y es como raro. Me hace bien, me limpia. Otra cosa es lo que se queda en el cuerpo, seguramente mordido,...
    Un besazo

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    1. Amigo Asierchu, me encanta comprobarte como hombre sensible, emocionable y emocionante. Y me encantan esos retazos de recuerdos emocionados que dejas asomar a tu comentario. Mi padre también era un hombre sensible y alegre. De él conservo los mejores recuerdos de ternura de mi infancia (en este momento me mira sonriente desde una foto que tengo enfrente de mi mesa). Espero que la próxima vez que nos encontremos compartamos muchos de estos recuerdos y emociones, aunque sea entre lagrimones, sin vergüenza, haciéndonos bien. Besotes y abrazos.

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  4. Buen tema, estimado amigo; para todos los supervivientes, y de eso ser un poco; os de este vídeo, "NADA ES CASUALIDAD: Enlace: http://video.ak.fbcdn.net/hvideo-ak-prn1/v/760672_343754192393022_1176300466_n.mp4?oh=91e9d9c50372b0a66127deb2b7b87586&oe=513D125B&__gda__=1362956287_ab16a03ef308f5971b1e1415c8b93e9d


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    1. Pedro, guapo, tu enlace -no se por qué- da error, así que compruébalo y vuelve a copiarlo. Gracias. Besotes

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