lunes, 4 de marzo de 2013

Tiempo al tiempo

Vivimos tiempos difíciles.
Se dice que estamos ante un cambio de era, que los cambios sociales son tan amplios y profundos que el mundo que resulte de ellos no se va a parecer en nada al que hemos conocido.
Quisiéramos que el tránsito fuera rápido, sin sufrimiento, indoloro, sin sentirlo apenas.
Quisiéramos que el mundo nuevo estuviera ya aquí, pero, mientras viene, la incertidumbre nos agobia y vivimos con miedo los cambios.
No puede ser de otra forma. Para que llegue la primavera tiene que pasar el invierno. Para que nazca lo nuevo es preciso que muera lo viejo.
A menudo, cuando nos encontramos con organizaciones y colectivos sociales golpeados por la crisis, en pleno proceso de transformación, sentimos que se reclaman soluciones que no existen, respuestas que todavía no están inventadas.
Resulta paradójico ver cómo, muchas veces, quienes se dicen innovadores y precursores de un tiempo nuevo, de una nueva forma de pensar y hacer las cosas -en lo político, en lo social, en lo económico, en lo cultural...- no hacen sino repetir viejos esquemas, replicar los marcos mentales de siempre, ejercer las actitudes y comportamientos del pasado, revestidos -eso si- de nuevos ropajes y lenguajes, cubriéndolos con una capa de pintura que se pretende novedosa.
Pero es imposible construir el futuro con las soluciones agotadas, con las viejas ideas.  
Nuestro tiempo no es -aún- de creación de lo nuevo, es -todavía- tiempo de descomposición de lo viejo.
Asistimos al fin de una era que se resiste a morir.
Es tiempo de deconstrucción, de desaprendizaje, de decrecimiento, de desprendernos de la vieja piel para dejar que surja otra nueva.
Los que vivimos son, necesariamente, momentos de caos y confusión. Y de nada sirve tratar de forzar los procesos, intentar acelerar los cambios.
Los cambios mágicos no existen. Saul Alinsky reprochaba a los jóvenes de Mayo del 68 que creían en la "revelación" y no en la revolución. Las revoluciones, aunque se expresen en un momento histórico concreto, son el resultado de largos y laboriosos procesos.
Hay que darle tiempo al tiempo, dejar -pacientemente- que vaya naciendo lo nuevo, que cristalicen las alternativas.
Unicamente nos queda la posibilidad de allanar el camino para que los cambios que han de producirse encuentren menos resistencias, alimentar los sueños que anticipan el futuro para que nos sirvan de faro en la oscuridad, facilitar los encuentros, los diálogos de saberes para que así puedan gestarse y nacer las nuevas ideas.
Este es, también, un tiempo de renovación generacional, el momento de que las mentes y las voces más obsoletas abandonen(mos) las viejas trincheras y los nichos de poder para dejar paso a las gentes y las voces más jóvenes que son, al fin, quienes han de habitar el futuro que está por construir.

10 comentarios:

  1. Cada generación ha vivido un tope, normalmente en forma de guerra o de postguerra, de joven me asombraba que en nuestro caso no ocurriera así, ya ves…;-) No obstante y a pesar de la tristeza que me suscita el sufrimiento de muchas personas y de las arcadas de indignación que me provocan tanto chulo rampante en el poder, me alegro de poder asistir a esta transformación y de tener la oportunidad de colaborar en ella. Mi trabajo se está volviendo apasionante Fernando, [cuestionando, adaptando, deshaciendo, probando…] y eso que cada vez me rinde menos [ a nivel económico :-D] pero emergen situaciones que requieren enfoques totalmente nuevos y me cruzo con personas como tú, como Asier , como Lola y como tantos otr@s a los que desconocía y con los que el momento me une este proyecto de transformación en el que podemos contribuir a dar un salto más en esa evolución que desarrollamos a trompicones. Me gusta el post y, en general, todo lo que estas transmitiendo últimamente respecto a este tema. Gracias Fernando, un abrazo.

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    1. Gracias a ti, Manel, por llegarte hasta aquí y por dejar tu comentario. Yo también creo que, junto a la tristeza y el dolor, también tenemos la suerte de vivir este cambio de era. Desde luego, este no es un tiempo para el aburrimiento, ni para acomodarse. También comparto contigo la sensación feliz de que este momento me está sirviendo para descubrir nuevas gentes apasionadas de las que aprendo continuamente. Espero que más temprano que tarde podamos encontrarnos y seguir conociéndonos. Un abrazote fuerte.

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  2. Comienzo por el final. ¡No se vaya Señor Fernando! :D Tengo la sensación de que esta es una historia de todas. Hasta de quienes roban y se pasean "chulos rampantes" como cuenta Manel. Y luego ¿Como estar abiertos a los que viene desde dónde estamos? La pelea es contra el miedo. ¡Vamos a construir espacios sin miedo!. Gracias maestro

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    1. Querido Asierchu, no me voy a ninguna parte, en todo caso me camuflo en la segunda fila porque estoy convencido de que es el momento de la gente más jóven -como tu- y me encanta aprender de ella. No pienso perderme esta oportunidad de presenciar el derrumbe de un sistema y el nacimiento de una nueva era. Pienso, como tu, que el truco es aprender a estar abiertos, perder el miedo, disfrutar de la experiencia... A mi me ayuda el saberme cerca de gente tan guapa como tu. Besotes, amigo.

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  3. Cualquier metamorfosis implica una serie de transformaciones, externas e internas. La mayoría de las veces, se van produciendo en algún lugar no visible. Al menos, no tan visible como nos gustaría. Y yo soy capaz, hoy, de ver la mariposa al final del proceso. Intuyo su silueta, más bien. Sueño con su colorido y la imagino irisada con una inmensa y amplia paleta de colores. No sé si es aún un huevo, o una larva, o ya crisálida, pero siento que está en marcha.

    Hace años que tengo la suerte de compartir muchas de mis horas con chavales que siempre consiguen acercarme a sus universos emocionales. Uno de mis objetivos es que, en algún momento del camino, decidan activar la "pestañita" del inconformismo, la curiosidad, la inquietud, ... Que abandonen la improductiva desidia, que salgan de su falsa comodidad, que opten por alejar la desazón y el desánimo que les inculcan en otros espacios, que elijan abrir los ojos, y la mente, y actúen en consecuencia, alineados con los valores propios que tanto les cuesta identificar.
    Cada año son más los que deciden hacerlo. Y cada año lo hacen antes. Y cada año soy testigo del calado que tienen en el resto de miradas. Y creo que necesitan voces como la tuya.
    Para no sentirse solos. Para seguir creyendo que creemos en ellos. Para seguir sintiendo que pueden soñar con ese futuro y que son poderosos a golpe de ilusión.

    Si el futuro es de todos, nos corresponde a todos. Siento que es importante para ellos reconocer las ganas de seguir peleando en quienes, a sus ojos, podrían dejar de hacerlo, por diversos motivos.

    Soy igual de soñadora que en los tiempos en los que me pedían que "bajara a la tierra", si no más.
    Soy muy consciente de que no hay cambios mágicos, pero sé que existe la magia.
    La veo cada vez que vengo a leer por aquí, sin trucos.

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    1. ¡Que hermoso es tu sueño, Marta!
      Creo que tu trabajo con los chavales es fundamental, me parece que una de las más importantes y necesarias en estos tiempos que vivimos.
      No bajes nunca a la tierra. Necesitamos soñadoras que nos ayuden a adivinar el horizonte.
      Me encanta que puedas encontrar por aquí algo de magia que te ayude a continuar soñando.
      Gracias de corazón por tu compañía y por tu comentario.
      Un abrazo

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    2. Lo es, Fernando. ¡Es realmente hermoso!

      Hace ya tiempo leí una frase que atribuyen a Emily Dickinson: "la esperanza es esa cosa con plumas que se posa en el alma y canta sin parar". Soy capaz de ubicar el alma, ahora, cada vez que se posa. Aunque, a veces, alce el vuelo y se aleje, intento no olvidar su melodía, hasta que vuelve, con su canto. Le he cogido cariño al ave, ya ves. Y quiero cuidarla. Y resulta que se alimenta de eso, de sueños.

      ¿Sabes algo curioso? Aquellas personas dejaron de pedirme que bajara a la tierra en el momento en el que se dieron cuenta de que era ahí, precisamente, donde soñaba. Es donde hay que hacerlo. Donde yo quiero hacerlo. Donde hay que actuar y donde tendrá lugar, cuando ocurra. Donde están las personas que lo harán posible. Y quiero estar con ellas. Y no quiero perdérmelo.

      El camino a tu casa me lo mostró uno de los seres mágicos en los que creo.
      Como tú, regala esa magia con la que alimento mis sueños.
      Como tú, me ayuda a hacerlo con los pies en la tierra.

      Gracias por tu acogida, tan bonita.
      Hasta pronto.



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  4. Es importante ser conscientes y testigos de este cambio.. y si puede ser también protagonistas activos. Como dice Asier crear espacios sin miedo.. pero pensando de forma clara en el modelo de sociedad que queremos. Bien cuando hablas de crecimiento.. cualquier cambio social que surja debe pasar por un modelo social y político consciente del mundo finito en el que vivimos. Hay que desterrar el modelo desarrollista y y de consumo excesivo en el que nos hemos movido. Y ser muy vigilantes... este tipo de cambios también sirven para que el fascismo, aprovechando el miedo cale también muy fuerte.
    Lo importante... encontrarnos las personas que pensamos parecido y compartir pensamiento, acción y remar en la misma dirección.
    Un abrazo Fernando!!!
    Alfredo.

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    1. Si Alfredo, creo que el decrecimiento es puro sentido común, aunque una medicina difícil de aceptar.
      No te diré que no tengo miedo al fascismo, en todas sus nuevas formas, pero pienso que forma parte del tiempo viejo, de ese que se resiste a morir o a reconocer que ya está muerto, y tengo una gran esperanza y confianza en el tiempo de cooperación y solidaridad que va a venir.
      Estoy contigo en lo importante, encontrarnos, no solo para compartir pensamientos y acciones, también para compartir afectos, ternuras, cuidados... que son herramientas claves para construir ese mundo nuevo.
      Un fuerte abrazo para ti, y gracias por tu comentario!

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  5. https://www.facebook.com/photo.php?fbid=567731513251643&set=a.194931133865018.47124.194675450557253&type=1&ref=nf

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