jueves, 18 de abril de 2013

Libre pensamiento y escucha del otro

El otro día, volviendo a ver -emocionado- la magnífica entrevista que Jordi Evole le hizo a Jose Luis Sampedro, entre las muchas lecciones del maestro desaparecido, me llamó la atención su insistencia en la libertad de pensamiento como la clave de bóveda de la democracia y la transformación social.
Sampedro decía que el sistema nos educa para "ser buenos borregos, para no tener pensamiento propio", y decía también que "sin libertad de pensamiento de nada sirve la libertad de expresión".
Creo que el mensaje es particularmente oportuno ante la sostenida hegemonía del pensamiento único ("este es el único mundo posible")  y en un tiempo de fanáticos como el que vivimos, con tanta gente dispuesta a partirle la cabeza a quien haga falta en nombre de una idea, una consigna, un partido, una patria, una religión, un club de fútbol...
En nuestra sociedad actual, en la vida pública, no existe prácticamente el diálogo, solo una sucesión de monólogos, por lo general "gritados", arrojados a la cara del otro. La escucha sigue siendo la gran asignatura pendiente de la convivencia social.
Se parte de la base de que el otro no tiene nada que aportarnos y, muy probablemente, del miedo a que sus razones puedan contaminar las nuestras. Por eso se recurre con tanta facilidad a la descalificación, a la agresión verbal, al insulto en las tertulias de los medios de comunicación y en las redes sociales.
Y esta perversión no es algo que se ejerza contra los antagonistas o los contrarios, sino que se practica también entre los afines. Belen Gopegui, alertaba hace algunos días sobre la "hostilidad horizontal", que se parece mucho a la intransigencia y la exclusión del otro, y hace imposible la acción unitaria.
En la entrevista a Sampedro destacaba también el contraste entre la contundencia crítica de los mensajes y la suavidad de las palabras, su tono mesurado y tranquilo.
Es curioso, los energúmenos están convencidos de que cuanto más levanten la voz más fuerza tendrán sus argumentos, y es justo al contrario.
Yo también creo que es fundamental la libertad de pensamiento, estimular el pensamiento propio, el pensamiento crítico, desconfiando de quienes pretenden imponernos una visión única de las cosas, la suya, sean estos quienes sean.
Se ha criticado mucho el llamado "relativismo cultural", por ejemplo desde las filas de la jerarquía católica y el pensamiento neoconservador, pero lo contrario es etnocentrismo, dogmatismo, pensamiento único, imposición.
Y creo que esa afirmación del libre pensamiento implica también una apuesta necesaria por la escucha mutua y el diálogo, por la negociación y el acuerdo. O sea, por la democracia.
Escribo estas líneas a punto de viajar hacia Torrellas, para participar en el VII Encuentro de Educación para la Participación con un montón de amigos y amigas muy queridos. Y en mi cabeza resuenan estas dos claves fundamentales: aprender a pensar con libertad y aprender a escuchar al otro.

4 comentarios:

  1. Me gusta lo que transmites en este post Fernando. Sabes que se dice que las setas están unidas por una malla interna, de tal suerte que todas están comunicadas entre sí aunque aparezcan en sitios dispares…pues a veces pienso que entre algunos [muchos más de los que llegamos a conocer] de nosotros también sucede lo mismo ya que lo que dices me resuena, aunque no sea lo mismo que piense, aunque no sea lo mismo que digo, aunque no sea por lo mismo… Últimamente, en aquellos escenarios en los que me muevo y participo, hablo mucho de dialógica, esto es del diálogo basado no en converger sino en rescatar las diferencias de enfoque mediante las que se ilumina una misma realidad. Me encanta este marco conceptual ya que me siento cómodo conmigo mismo y escuchando lo que me aportan, de diferente, otras personas, buscando incluso esta diferencia para añadirla a la mía. Creo que es la gran riqueza que nos aporta el momento, la multitud de voces que se elevan y se entrecruzan y se fertilizan y se juntan sin la necesidad de llegar a unirse, ni de fundirse ni de perder la propia identidad, esencia y sentido.

    Malos tiempos para el pensamiento libre con ese nido de rapaces acechando cada pequeña idea que levanta el vuelo para lanzarse sobre ella y aniquilarla. Nussbaum dice que la democracia está en peligro con ese afán de lucro hacia el que se orienta la educación pero yo creo que, al final, el blanco siempre puede con el negro. Que tengas unas buenas jornadas!
    Un abrazo

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    1. Querido Manel,
      Disculpa la tardanza en responder a tu comentario, pero he estado todo el fin de semana -flipando- en esas jornadas del VIIEPA que ya compartiremos.
      Tu comentario, como siempre, está lleno de sensibilidad e inteligencia.
      Creo que tienes mucha razón y yo también siento que, más allá de la diversidad de ideas y visiones, más allá de las diferencias, hay sensibilidades con las que es posible, necesario y extraordinariamente enriquecedor dialogar, compartir, construir juntos/as.
      Y eso nos lleva de nuevo a las personas, a la necesidad de cuidarnos, de educarnos en valores, en actitudes de escucha y diálogo, de forjar nuestro propio y libre pensamiento desde el reconocimiento del otro...
      Si, la luz podrá con el lado oscuro de la fuerza.
      (Cada vez tengo más ganas de "desvirtualizarte")
      Un abrazo fuerte

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  2. En nuestro aula es obligatorio cuestionárselo todo ... si quieren ;)

    Y les invito a empezar por mí misma. Les pido que me cuestionen a mí, que cuestionen mis palabras, las dinámicas y juegos que realizamos, que busquen el propio sentido en los esfuerzos, en los resultados que se buscan, ... Sus formas, sus miradas, sus esencias, su ser, al fin y al cabo.

    Esa es la verdadera riqueza de compartir con otros. Ahí reside la posibilidad de hacer más grande el aprendizaje, que se multiplica y tiende a infinito cuando emana de tantas fuentes al tiempo.

    Borrego es el que no es capaz de ver eso en su pobre mundo único. Y para él su amargura, su tristeza y su pérdida, aunque no lo sepa.

    En nuestro aula convive Placi, un poeta que canta en un grupo de rock con dos hijos adolescentes y mil experiencias laborales y un montón de kilómetros de vida encima, con Endika, un chavalote introvertido y tímido recién salido del horno de Bachiller que aún se siente protegido bajo las alas de ama. Entre otras muchas almas, cada una con sus circunstancias. Y se escuchan y se van conociendo y van filtrando, con respeto, otras opciones y elecciones para después tomar las propias. Y lo hacen sin gritos, ni descalificaciones, ni insultos, a pesar de la mierda de ejemplos con los que se topan a cada paso. Son más grandes que todo eso.

    Y yo soy la privilegiada que, año tras año, tiene la fortuna de sentarse en el patio de butacas de ese teatro por el que van pasando maravillosos actores que representan su propia vida mientras elaboran nuevos guiones intercambiando palabras y gestos en cada escena.

    De modo que no permito a mi voz permanecer en silencio cuando alguien, quien sea, cerca, habla de la falta de valores y de sueños de estas gentes. Además de suerte, tengo argumentos!

    Un abrazo, Fernando. Seguimos, no? :)

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    1. Claro que seguimos!!
      Me parece que tus alumnos tienen mucha suerte. Hay que ser valiente para atreverse a despertar la curiosidad y la pregunta en los otros.
      Creo que se trata de uno de los aprendizajes más importantes en la vida, de esos que la marcan por completo.
      Gracias por volver por aquí de vez en cuando y dejar tus comentario llenos de vida.
      Un abrazo

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