viernes, 12 de abril de 2013

Una de zombis

No entienden nada.
Están ensimismados, recreándose en la contemplación de sus ombligos, entretenidos en sus disputitas domésticas ("Y tú más") y no se enteran del lío que está montado.
Van a imponer una distancia de 300 metros a los ciudadanos y ciudadanas -o sea: SUS representados- que quieran acercarse a reclamar.
Se aislarán -aún más- en la burbuja de cristal para que nada de la realidad circundante les salpique.
No se enteran de que se acaba el viejo mundo de sus politiqueos y sus luchas de poder, que estamos cambiando de era.
Repiten, en sus formas caducadas de hacer política, lenguajes, categorías y paradigmas que ya no significan nada. Disputan como hienas por un puñado de votos mientras la democracia se desangra.
Se escandalizan porque las personas afectadas por los desahucios vayan a su casa, a su calle, a llevar la protesta. Apelan al derecho a la privacidad, a la inviolabilidad del domicilio... mientras consienten con la vulneración sistemática de otros derechos constitucionales: el derecho a la vivienda, al trabajo, a la salud.
Piden respeto para sus hijos y sus familias, mientras legislan y gobiernan contra los intereses y derechos de millones de familias e hijos.
Y no se sonrojan por el derroche de cinismo que todo ello implica. Por el contrario, se sienten incomprendidos y perplejos ante una realidad y una ciudadanía que no alcanzan a entender.
No se enteran de que la propia democracia hace aguas.
La democracia representativa se sostiene sobre un pacto social básico: los grupos y partidos políticos proponen a la ciudadanía un conjunto de propuestas, un programa, que se comprometen a defender, si salen elegidos, en representación de sus electores.
Este principio ha sido sistemáticamente transgredido. En nuestra historia reciente, cuando el gobierno de Zapatero renunció a su programa para seguir las imposiciones de la UE sin convocar nuevas elecciones, y cuando Mariano Rajoy y el PP incumplieron en todos sus términos el programa electoral con el fueron elegidos mayoritariamente.
Resulta irónico, cínico y hasta indecente que se llenen la boca con la democracia pero no tengan problema alguno en traicionarla cuando les viene bien.
El pacto social se ha roto. Han quebrado todas las reglas. Ahora vale todo.
Vivimos bajo el gobierno de la "política zombi", políticos y políticas, partidos que se creen vivos pero están muertos, ahogados en el tsunami del cambio social.
Y ya huelen.

2 comentarios:

  1. Es preocupante el desprestigio de la política y los riesgos que supone. Los fascismos del siglo XX nacieron en una situación semejante a la actual y vemos como crece la ultraderecha en toda Europa.
    Con todo mi respeto y aprecio, no debemos contribuir a ese desprestigio, al contrario, tenemos que decir bien alto que de esta situación solo se sale con más política.
    Un saludo

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    1. Si Raúl, comparto contigo la convicción de que la política es más necesaria que nunca para poder salir de ésta. Pero "otra" política. Otra forma de entenderla y practicarla.
      En el ascenso del fascismo y el nazismo tuvieron mucho que ver las prácticas políticas de los partidos de la época.
      Creo que en la actualidad nos ocurre algo semejante, la ultraderecha crece, entre otras razones, porque los partidos -también en la izquierda- no están a la altura de las circunstancias.
      No creo que hagamos ningún favor a la democracia silenciando la degradación de la política y de los partidos. Por el contrario, en nombre de la afirmación de la política y su necesidad, creo que es preciso denunciar su contribución al deterioro democrático.
      Ojalá reaccionen las personas más honestas y dignas, dentro de cada partido, para impulsar una renovación profunda. Ojalá surjan nuevas opciones con principios democráticos y coherencia ética. Ojalá todos y todas encontremos nuevas formas de hacer política y profundizar en la democracia.
      Un abrazote

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