martes, 28 de mayo de 2013

La cara oscura de la luna

Desde mi última entrada, no he tenido mucho tiempo -ni mucho ánimo- para escribir en este cuaderno virtual.
Si que he escrito otras cosas. Por ejemplo, en la página del Proyecto Sinergias, la crónica del encuentro "Regreso al Futuro" que compartimos el 18 de mayo en Sevilla con más de 40 personas, pensando juntas sobre el futuro de las organizaciones sociales. También he escrito -en ese blog más "serio" que es "Apuntes para la Participasión"- una reflexión sobre la "improvisación estratégica" en las organizaciones solidarias, o sea, sobre la manera de responder a los cambios continuos de la realidad sin perder el rumbo, sin desviarse de su misión, que ha tenido una notable repercusión en las redes sociales, digo yo que porque todas las organizaciones andamos en lo mismo: aprendiendo a desenvolvernos en medio de la incertidumbre.
En este tiempo, desde la última entrada, también he viajado por tierras del Norte, en ese deambular -ya cotidiano, al cabo de tantos años- que me lleva a encontrarme con asociaciones y organizaciones de aquí y de allá para compartir sus fortalezas y sus debilidades, para ayudarlas a aclarar sus ideas.
Ya lo contaré más despacio, pero esos viajes me han servido -una vez más- para volver a ver las dos caras de la realidad.
Porque la realidad, como la luna, tiene dos caras.
Hay una cara de la realidad de las organizaciones solidarias que es oscura. Son, por ejemplo, las organizaciones creadas, con mucho esfuerzo y sacrificio, hace ya un montón de años, para responder a necesidades y problemas sociales de los que pasaba olímpicamente el poder, que están hoy duramente golpeadas por la crisis, abandonadas por el Estado, recortados sus recursos, vaciadas del impulso social que las puso en marcha, cansadas, envejecidas... y se preguntan -como en el caso de las asociaciones que trabajan por los derechos de las personas discapacitadas- "¿qué va a ser ahora de los chicos?".
Claro que también hay una cara luminosa de esa misma realidad, y son, por ejemplo, esos cientos de iniciativas sociales que están naciendo cada día y con las que volvimos a encontrarnos en el encuentro de Sevilla, que demuestran que los colectivos y movimientos sociales seguirán existiendo, continuarán transformando el mundo, resurgiendo -con nuevas formas- de las cenizas de las viejas organizaciones.
A pesar de la esperanza que ellas representan, siento que aún no es tiempo para que cristalicen -como las "mil flores" que prometía el presidente Mao- esas nuevas organizaciones que verá el futuro. Todavía estamos en plena descomposición del viejo sistema y los viejos modelos. Estamos viendo solo los balbuceos, las experiencias iniciáticas que nos servirán para aprender, para ir encontrando las nuevas formas de construir un mundo nuevo.
Pero, también la vida personal tiene dos caras.
En estos días, la más luminosa, tal vez, ha sido la presentación en Cádiz del libro Arrobad@s, escrito por mi amiga Lita y mi compañera de vida, Nené, y cuya introducción me correspondió hacer. Fue una tarde hermosa seguida de una hermosa cena entre amigos.
La más oscura, quizás, es el tropiezo de algunos amigos -a los que ya he presentado aquí- que se han encontrado de nuevo en el fondo del pozo por una circunstancia oscura e incomprensible que pone en riesgo su proceso de crecimiento y emancipación personal.
No entraré en detalles, porque la cosa es confusa y delicada, pero si confesaré que -aunque las víctimas principales de esta difícil situación sean mis amigos- para mi también ha sido  un duro golpe. No me acostumbro a empatizar y encariñarme con estas personas machacadas que intentan recuperar sus vidas perdidas, acompañarles en un tramo de su caminar, de su lucha, para verles muchas veces tropezar de nuevo y volver a la calle. Me produce mucha frustración y dolor.
Pero quiero creer que, en esta ocasión, todo se resolverá bien y que volveremos a soñar juntos en una felicidad sencilla y pequeñita, en un mundo diferente que no excluya a los más débiles.
Amen.

4 comentarios:

  1. No es oscura, Fernando. Es sólo que no la vemos, desde el lugar en el que estamos ahora. Quizá mañana ...
    La oscuridad no es más aquel lugar al que la luz no ha llegado aun. Quizá mañana ...
    Está oculta, pero está ahí. Y es hermosa.

    Esta nueva realidad que soñamos necesita que sigamos soñándola! Creo que muchos colectivos y movimientos sociales rechazan el liderazgo que han conocido hasta ahora, jerárquico, autoritario, lejano, ... y nos puede llevar un tiempo inventarlo de nuevo. Y es necesario y su no existencia ralentiza los sueños y sus posibilidades. Para mí, es simplemente una tarea más en el grupo. Asignada por el grupo y asumida por la persona. Una más, ni más ni menos. Claro que yo soy una rara avis con muchos pájaros raros en la cabeza!! ;)

    Te agradezco que compartas tu frustración y tu dolor. Me ayudan con los propios. La luz del atardecer adopta sus colores más hermosos al atardecer. Se torna anaranjada y violeta porque llega cansada de luchar contra el espacio y contra el tiempo.
    Este tipo de cansancio, de desazón, de desánimo, esta frustración, el dolor, ... es hermoso. Se generó así, en origen, y el camino no hace sino embellecerlo más.

    No sé si hay otra manera, Fernando, que no sea empatizar y encariñarse. Si la hay, algunos no la elegimos. No es tan bella, a pesar de todo.
    Y esas personas que nos acercas, machacadas o no, lo intentan y lo intentarán, una y otra vez, si quieren, porque verán tu mano siempre tendida. Belleza.

    Tantas veces tocan a tu puerta, para cargar las pilas, que llegas a olvidar tu propio cargador ...
    Espero que estas palabras y el cariño con el que las escribo te sirvan un poquito.
    Mi cargador funciona así, con este tipo de energía. Y la batería dura mucho más desde que vengo por aquí!! :)



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    1. Hola Marta,
      Como siempre, y en primer lugar, muchas gracias por tus palabras.
      Me hubiera gustado responder antes a tu comentario, pero he estado viajando por ahí y no he podido hacerlo.
      Me sirven tus palabras, claro que si, mucho. Aunque te confieso que hay algo en mi que se resiste a volver a vivir esa frustración y me aconseja no volver a intentarlo ("no te metas").
      Pero, aunque se que me ahorraría algunos momentos chungos, también se que me perdería otros muchos momentos fantásticos, acompañando a esas personas golpeadas por la vida, aprendiendo de ellas.
      Tengo muy claro que, cuando somos capaces de entregarnos un poquito, recibimos siempre mucho más.
      Me resisto, pero se que volveré a empatizar, a encariñarme, a sentir como míos a esos amiguetes, aunque me duela verlos marcharse y regresar a la calle.
      Gracias de nuevo y un fuerte abrazo

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  2. El anterior comentario de Marta ya lo dice todo. Respecto a lo de empatizar, encariñarse y luego "pagar" por ello una cuota de dolor y frustración quizá tenga más que ver con nuestra necesidad de "arreglar" los problemas de otros, cuando a veces -casi siempre- lo más valioso es simplemente acompañar. (De todas formas es algo que me tengo que repetir constántemente, así que de la teoría ando bien pero la práctica a veces también me empuja a "pagar").

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    1. Pues eso, Nené, que la teoría es distinta de la práctica (qué te voy a contar) y que, aunque tratemos de "desapegarnos", ni tu ni yo sabemos implicarnos sin querer a las personas. Yo no trato de arreglar los problemas de estas personas, entre otras cosas porque creo que no tienen arreglo en una sociedad tan chunga y jodida como ésta que solo "cuenta" rentabilidades y beneficios. Y esas personas, para la contabilidad del poder, "valen" poco y "cuestan" mucho.
      Ese es tal vez el problema, mi problema, que me cuesta acompañarles en un viaje hacia su emancipación que es imposible y que, a menudo, acaba en un nuevo hundimiento en el pozo, en una nueva frustración.
      Y si, claro, todo eso implica "pagar" y pagamos con tristeza y frustración y un exceso de contradicciones y de bronca con el mundo.
      Uffff...Tendré que recuperar la meditación.
      Un beso grande.

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