sábado, 4 de mayo de 2013

La mala educación

El grupo de fumadores y fumadoras en la puerta del bar ocupan toda la acera y obligan a los transeúntes a bajarse a la vereda para poder pasar.
El fulano "estaciona" su carrito en medio del pasillo mientras su señora comprueba los precios de las conservas de caballa. El personal ha de hacer complicadas maniobras  para avanzar hacia los lácteos.
El perrito va sembrando de minas malolientes la calle. Su dueño mira para para otro lado mientras silba una canción.
La señora espera paciente a que la atiendan en la oficina del banco. El listo aprovecha un momento de despiste para colarse hábilmente sin esperar su turno.
El conductor acelera para pasar el semáforo antes de que empiecen a cruzar los peatones. La abuelita casi muere del susto.
Ese joven escucha la música de su móvil a todo volumen. El resto del autobús intenta leer, pensar, charlar con la persona de al lado...
La mamá deja que su hijito corretee por el vagón interrumpiendo el sueño o la lectura del resto de pasajeros. Estos/as sonríen forzadamente, temiendo que vuelvan a iniciarse los berridos desaforados.
La familia concluye alegre su jornada en la playa. Dejan su "territorio" cubierto de plásticos, latas vacías, pañales usados, colillas... El que venga detrás que lo limpie... o que se aguante.   
Todos estos son ejemplos -reales- de "mala educación" o de personas "maleducadas". Su "mal" reside, fundamentalmente, en la ausencia de toda empatía, la incapacidad para ponerse en el lugar de las otras personas. Les importan un bledo. Primero son ellas y después también ellas.
Y no se te ocurra llamarles la atención, igual te llevas una bronca.
Si cedes el paso, si respetas la cola, si evitas ruidos y molestias al prójimo... eres un "pringao". Hay que ser espabilado, aprovechar las ocasiones, jugar con ventaja siempre que puedas.
Pienso que estos y otros ejemplos de mala educación colaboran tanto a la crispación social como la corrupción política o los abusos del poder. Con toda seguridad no son socialmente tan graves, pero contribuyen poderosamente al "ruido incívico", a la crisis de valores, al deterioro ético de nuestra sociedad.
Pensar en las otras personas, sentirse co-responsable del bienestar colectivo, poner de tu parte para hacer más fácil la convivencia ciudadana... son todos ellos valores necesarios que han de aprenderse, que han de educarse. Y no solo, ni fundamentalmente, en la escuela.

7 comentarios:

  1. Realmente no hemos de dejar que el conformismo o la indiferencia invadan nuestra actitud ante todo aquello que suponga un perjuicio contra alguien ya que, hacerlo, supone dimitir abiertamente de nuestra consciencia ética, la muestra máxima de debilitación de una persona respecto a su mundo y a su propia vida. A mí me encantó un post de Jesús Fernández en el que, de alguna manera, nos mostraba como actuar ante hechos de este tipo desde nuestras posibiloidades. Seguro que lo conoces, te lo dejo --> AQUÍ.

    Me gusta el post y la sencilla complejidad de lo que evocas y de lo que sugieres. Por cierto: menuda colección de “desajustes” espero que no tomases nota de ellos en un mismo día!! ;-)

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    1. Si Manel, conocía el post de Jesús y el video al que hace referencia. Me parece que, efectivamente, el "contagio de bondad" puede ser muy efectivo frente a la indiferencia, la antipatía y la mala educación. Me pregunto por qué no se actúa mucho más, desde el sistema educativo, desde los gobiernos, desde los medios... en el estímulo de esos "pequeños gestos" que son la base de la convivencia (¿y de la "felicidad interior bruta"?).
      Lo cierto es que es más fácil dejarse llevar por el cabreo y acabar dando una patada al perro.
      Y no, los "desajustes", como tu los llamas, no fueron el mismo día -¡afortunadamente para mi tensión!- aunque creo que cada día vivimos en una sociedad más hostil y antipática.
      Algo habrá que hacer.
      Un fuerte abrazo

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  2. No soy una "pringá", Fernando. Ni lo eres tú, impactado como escribes por ese cúmulo de desfachateces que también yo reconozco en mi entorno.
    Ni lo son otras muchas personas, grandes y pequeñas, que muestran otras actitudes, otros comportamientos, otro "ser" en este planeta, en las antípodas de estos que describes.
    Y no lo son mis duendes.

    En mi mundo hay un instrumento fantástico de medida para ésto de actuar comprometido con una comunidad. Mide sonrisas. Al final, uno de los caminos más cortos entre dos personas. Siempre da valores pequeñitos. Y hace sentir cosas grandes dentro.
    Intento que mis txikis reconozcan en su interior esas emociones cuando agradecen un detalle o expresan lo rica que estaba la comida o son generosos o saludan, sin más, a quien se cruza a través de lo que provocan en los demás al hacerlo ... y cuando se enfadan y vomitan su malestar alrededor generando algún tipo de dolor o heridita. Les invito a notar dentro esas "cositas" que se mueven :) Cada vez.

    Sé que no lo son. No lo somos. Ni estos que cuentas son más sagaces ni más listos. Lo sé por esas "cositas"; que bailan, ahí dentro, cuando cedo en un paso de cebra, un día cualquiera, y me regalan una sonrisa que devuelvo encantada!

    A mí me gusta pensar que siempre hay alguien que mira ...

    Bailamos?! ;)

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    1. Menos mal, Marta, que existen maestras de la vida como tú que enseñan cosas tan importantes.
      Si, apostemos por la sonrisa, incluso cuando tengamos que hacerla brotar a propósito. Mi madre, poco antes de morir con 92 años, descubrió que era fundamental sonreír y cuidar a las otras personas cercanas, y decía que cuando le dolían los huesos y no le apetecía sonreír se decía a si misma "sobreponte Marina". Esa expresión se ha quedado como un mantra en mi familia, cuando necesitamos volver a encontrar la sonrisa.
      Lo cierto, como le respondía a Manel un poco más arriba es que no es fácil, y sin embargo más necesario que nunca, en un mundo cada vez más hostil y antipático.
      Bailemos pues.
      Gracias por tus comentarios, tu sensibilidad y tu sabiduría.

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    2. Como dice la canción "puede que te pise los pies" ... Pero será bonito!
      Marina es un precioso nombre para una sonrisa :)

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  3. Pues mira tú, mi querido Fernando, que yo sí que he vivido en 24h todas esas perlas que nos regalan otros y otras y que tú nos relatas cuan cuencas de rosario una tras otra. Y, identificándome con las palabras de Marta en cierto sentido, veo en estos actos incívicos y en algunos casos perpetrados, si se me permite la expresión, por personas petulantes, veo una oportunidad para mostrarnos más humanos (no como sustantivo sino como adjetivo).

    Estoy seguro que la herramienta más poderosa junto al amor es el perdón. Perdonar sin dejar de estimular para el cambio. Perdonar con amor responsable como el de la madre que corrige sonriendo a el hijo/a que tiro el papel del caramelo al suelo haciéndole ver que eso no es sano e invitándole a actuar de otra manera posible.

    En todo caso, Fernando, solo puedo cambiarme yo y he tenido que encontrar estrategias para no pasarme las 24h cabreado con este o aquella conciudadana maleducada.

    Gracias por tus reflexiones que suman sabiduría al total de los mortales!!

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    1. Que razón tienes, Juan Carlos, el único camino es el del cambio personal, cambiar uno para no vivir encabronado. Y el perdón, asignatura difícil y tan necesaria.
      Pero me produce mucha tristeza el ver el rostro de un país maleducado -del que todos y todas formamos parte- que acaba siendo hostil e incómodo.
      No se como se arregla esto, pero algo habrá que hacer.
      Gracias por tu comentario y por tu amistad.
      Un abrazo

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