viernes, 7 de junio de 2013

Sin querer... el tiempo (reencuentros)

Vuelvo a atravesar el zaguán umbrío de tu casa, para salir al patio luminoso que preside el naranjo, mucho más grande desde la última vez que estuve aquí, como el jazmín, los geranios y todas las plantas que le llenan de verdor.
Tus hijos también han crecido y son hoy dos bellos muchachos, como salidos de una película de Visconti, aunque sus caras y sus gestos siguen siendo aquellos de los niños que jugaban a las procesiones, aporreando cacerolas y cargando taburetes, a modo de pasos, por toda la casa.
Tu tienes ahora el pelo gris, clareando por la coronilla, y tu mujer muestra en su cara la huella del tiempo pasado, sin perder la sonrisa y la mirada profunda que la hacen tan guapa.
Ya digo, el patio, la casa, las gentes que la habitan... sois las mismas, más mayores, más sabias, igualmente acogedoras y cercanas.
Se suceden los abrazos y las risas.
-No has cambiado nada.
-¡Ya! ¡Que más quisiera!
Y gozamos del vino, de la rica cena y de la charla ingeniosa, mientras pasan las horas sin sentirlas.
¡Que bien se está en tu patio! ¡Que disfrute estar juntos!
Me pregunto por qué hemos dejado pasar el tiempo sin llamarnos, sin encontrarnos de nuevo.
Me respondo que así es la vida, yin y yang, luz y sombra.
Y así somos las personas en nuestras relaciones: un delicado equilibrio de sintonías, que se aproximan y se alejan. Sin saber, sin querer.
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La estación de Atocha es un lugar inhóspito y ruidoso.Un enorme hangar gris lleno de vías y de andenes, repleto a cualquier hora de miles de personas que esperan el próximo tren que les lleve a cualquier parte.
No se miran a la cara. Dormitan de pie o sentados -aquellos que han podido conseguir un disputado asiento- o se esconden en un libro o, mejor, en un teléfono móvil tecleando mensajes a quienes les esperan al final de su viaje.
Voy cargado de bolsas y mochila -como siempre- en dirección al viejo barrio de Aluche, donde viví tanto tiempo, para pasar la noche y seguir mañana viaje al Sur, a casa al fin, después de tantos días fuera.
Ya llega el tren, ya hacemos el pasillo para que bajen los viajeros y subimos deprisa para encontrar asiento.
Pero... ese hombre mayor que se está sentando enfrente... esa cara menuda... esa barba canosa...¿será posible? ¿podría ser "el Chirri"?
-¿Fernando? ¿Eres tu? ¿No me conoces? Soy tu amigo, aquél que se fue a Cádiz, hace ya muchos años. ¿Tanto he cambiado?
Y el reencuentro se produce -en un tren de cercanías- y volvemos a traer de la memoria, como si no hubiera pasado el tiempo, los recuerdos de aquellos años que compartimos, cuando aún vivía Franco, inventando asociaciones de vecinos y escuelas nocturnas de adultos, creyendo que íbamos a dar la vuelta al mundo, no como Phileas Foog  sino como un calcetín.
Es cierto que muchos de nuestros sueños de entonces no se cumplieron, pero no hemos de arrepentirnos de ninguno. Somos sus hijos -o sus nietos, tal vez-, fueron ellos los que nos construyeron, los que nos hicieron como hoy somos.
-¿Cómo está Charo? ¿Y tus hijos?
-Pues Pablo está en Dublín, buscándose la vida. Ya sabes... esta crisis de mierda!
Nos despedimos entre abrazos -ya en el viejo barrio- intercambiando direcciones de correo electrónico y promesas de no volver a perder contacto.
Y yo sigo mi camino con una sonrisa en la cara, feliz de haber reencontrado algo valioso que perdí.
Sin saber, sin querer.  

12 comentarios:

  1. Seguí este encuentro en otro escenario [fué en facebook o en twitter?] y me pareció fascinante, de una alegría sincera y contagiosa, de la buena. Ahora llego a este post como una consecuencia lógica, no me ha sorprendido, ni la belleza intensa que emana el cómo lo has escrito, Fernando. Gracias!

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    1. Gracias, Manel!
      No tengo más palabras. Valoro mucho tu aprecio y, la verdad, compartir estas emociones y experiencias tiene sentido con gente como tu.
      Un abrazote

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  2. Ufff!! Fernando, cómo me remueve este post. Siempre, en mis viajes (yo soy de trenes y autobuses más que de aviones y coches)te decía que en mis viajes siempre, en las estaciones, el corazón se me acelera porque creo que voy a encontrarme con algún amigo/a que hace tiempo que no veo. Me pasa en Atocha, en Santa Justa,... Además, también me pasa en La Alamedilla (Salamanca) donde apenas conozco gentes de esos lares. Y me encanta quedar con gente haciendo una para de postas. Sí, quedar en la cafetería de la estación antes de hacer trasbordo y continuar hacia donde se torna.
    gracias por contarnos tus vivencias!!

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    1. Gracias Juan Carlos!!
      Ya sabía -y se- que eres un hombre tierno y sensible. Me encanta que compartamos estas pequeñas -y grandes- emociones.
      Un abrazo, amigo.

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  3. La vida es todo esto que nos sucede en este lado de las cosas, el del presente, donde comienzan a oler los jazmines, y sabemos que crecen sileciosas las espigas en mitad de la noche de Junio. En este lado todo es posible,todo está vivo, arde, se propaga y es puro contagio. En él no paramos de aprender con los ojos tan abiertos como niños. Si no abandonamos este lado, si no andamos hacia atrás ni hacia delante, estamos en el reino de la infinita posibilidad, donde podemos juntarnos y donde laten el amor y las revueltas que cambian el orden de las cosas... NO es que escriba estas cosas porque me dure todavía el efecto del vino, que podría ser, sino el del afecto, tan vivo ... Hoy sopla de nuevo vientecillo ligero en el mismo patio; viento de la vida que hace,y deshace, ata, desata, trae, lleva, disuelve y recompone los dibujos que formamos cuando nos juntamos para hablar de cosas serias entre risas sanadoras.
    Después podremos contarlo: es verdad, el mundo estaba mal. Entonces vinieron unos amigos, reimos durante toda la noche, nos retomamos y nos dijimos adiós con suavidad u ternura. Y al contarlo, hasta nuestros ojos cambiarán por un instante de color, y tendrán el color transparente de las fábula.

    Besos, amigo.

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    1. Que sabio eres, maestro!!!
      Y tu palabra tiene cada vez más olores orientales que se mezclan con el azahar y el jazmín.
      Recuerdos al patio, a tus hijos hermosos, a tu bella mujer... y un beso grande para ti.

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  4. Los amigos.... esa red de apoyo que nos permite a veces volar de un trapecio a otro de la vida sabiendo que ahí están ellos, para impedir que nos estrellemos. Esa presencia discreta y a la vez tan potente, tan real, tan necesaria. Creo que se puede vivir sin padres, sin hijos (si no nacieron nunca), sin pareja.... Pero no concibo la vida sin amigos, no quiero la vida sin amigos. Ellos me hacen más. Y mejor.

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    1. Me alegra mucho que estemos ahora más cerca. Cuando vengáis a Madrid dadnos una llamadita. Abrazos. Fernando

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  5. Qué tierno, tocayo, y qué bien lo has expresado. Fue totalmente fortuito: yo fijándome en la pegata que llevabas, porque no me podía imaginarte en los madriles, diciéndome de qué va éste, pero sin ver el bosque que la llevaba. Después de unos 10 o 15 años (cómo pasa el tiempo), la verdad es que fue una reencuentro rápido pero que nos retrotrajo a cuando peleábamos por ese mundo mejor, el que seguimos persiguiendo de una u otra manera hoy. Nos preguntamos por nuestros retoños y compañeras. En fin, que seguimos vivos, con intereses comunes y nos ha permitido ponernos en contacto y seguirnos más de cerca a partir de ahora. Abrazos para Nené y para vos.

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    1. Pues si, amigo, seguimos vivos, compartiendo intereses y persiguiendo un mundo mejor. Es para celebrarlo ¿no?
      Yo también me alegro mucho del reencuentro y de haber recuperado el contacto. Un fuerte abrazo para ti y otro para Charo.

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