viernes, 27 de septiembre de 2013

Elogio de la Alegría Revolucionaria

Dice Nené que las redes sociales son como la "13 Rue del Percebe", que están llenas de ventanitas por las que puedes asomarte -aunque sea fugazmente- a la vida de las otras personas, conocer sus alegrías y sus tristezas, compartir sus intereses y sus sueños.
Antonio Rodríguez de las Heras las compara a una plaza pública donde se reúnen muchos corrillos, y nos movemos de uno a otro, escuchando una frase aquí, dejando una opinión allá.
También dice Antonio que el ciberespacio es un espejo de la "vida real" donde se reflejan las mismas cosas, las mismas personas -con sus virtudes y sus defectos-, sus aventuras vitales, individuales y colectivas.
En estos tiempos oscuros, en medio de esta guerra silenciosa que nos están ganando, cuando el dolor y la tristeza abundan tanto, las redes sociales son -así lo veo yo- un gran invento.
Ya he dicho aquí antes que, sin negar los riesgos y las sombras -que también las tienen-, las redes sociales son para mi una fuente de inspiración, de conocimiento, de comunicación, de descubrimientos, de aprendizaje, de enriquecimiento personal...
Viene al caso de lo que me ha ocurrido estos días pasados: mi hijo Pablo, que lleva un año emigrado en Irlanda, buscándose la vida fuera de un país que le niega -a él y a tantos y tantas jóvenes- el futuro, ha encontrado trabajo allí, lo que le permitirá seguir su camino vital. Y nos lo contó por skype el miércoles. Os podéis imaginar cómo nos alegramos y lo celebramos en casa.
La excitación nos llevó a llamar por teléfono a toda la familia... y a compartir la buena noticia en el feisbu. Y entonces fue la locura: en menos de 24 horas hemos tenido más de 100 "me gusta", que continúan llegando, y un montón de comentarios de felicitación.
Muchos de ellos son de amigos y amigas que conocemos "físicamente", pero otros son de "amigos y amigas" que solo conocemos a través de las redes sociales.
Tengo que decir que con la alegría se ha mezclado inevitablemente la tristeza de tantos y tantas jóvenes sin trabajo -empezando por mi hija carabanchelera, Ana-, por la injusticia de un país con dirigentes incapaces de hacer posible el futuro de las próximas generaciones. Pero no quiero hablar de eso ahora.
Quiero hablar de lo contagiosa que es la alegría, de la necesidad que sentimos -en medio de tanta desesperanza- de buenas noticias, de la cercanía que suscitan las historias personales,de cómo se dispara esa solidaridad básica, esa identificación primaria, cuando alguien comparte sus sentimientos y emociones con/desde el corazón.
Como dice la pintada que rescato -de las redes sociales- en el encabezamiento de esta nota, la alegría es revolucionaria. Necesitamos afirmar la alegría frente a la vida miserable que pretenden imponernos. Gritar -con una sonrisa- que no vamos a renunciar a la felicidad. Que no nos resignamos. Que sus valores, los que han conseguido inocularnos, no van a prevalecer. Que apostamos por la ternura y la solidaridad, y la cooperación y el apoyo mutuo, por el compartir y el cuidado de las otras personas, por el amor y la belleza, por la sencillez y la caricia.
Que no nos robarán la alegría.
Como dice Mario Benedetti en su poema "Defensa de la Alegría":

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos 

4 comentarios:

  1. Grande Fernando.. me descuelgo con unas lineas... pero sobre todo me alegro de las luces de tu familia.. eso sabe a vida y abre el hambre de seguir viviendo.. un abrazo !!

    La semana pasada en una jornada Ximo García Roca contraponía el ánimo al optimismo. Contraponía el optimismo que los gobernantes están sacando a pasear en sus últimas comparecencias (sobre todo en el exterior) con el ánimo, con esa fuerza vital que nos están robando a golpe de malas noticias. En este contexto creo que también cabe contraponerlo con la alegría.
    El optimismo no deja de ser una promesa que se proyecta, un camino que necesita de un futuro para ser. La alegría, el ánimo, son algo más pequeñito, más vivo, incluso a veces más fugaz y más pegado a la costra de los pequeños detalles. Pero, sobre todo, tanto uno como el otro son fundamentalmente carne de Presente.
    El optimismo de los gobernantes se riega con copas de cava y alzas en las cotizaciones. Fotografía brotes verdes con luces de lo que mañana rezan que serán nuevas inversiones (eso sí, para los mismos bolsillos).
    La alegría nace con la risa mañanera, con el jolgorio, con el sol... y con el abrazo llega dentro justo hasta donde se posa el primer viento que hace nacer al ánima.... al ánimo.
    El ánimo y la alegría son un viento motor que nos riega desde dentro. No promete, sólo es, y por eso con toda su fuerza de presente nos activa para seguir siendo contra todos los “a pesar de los pesares”...
    Así de Benedetti a Goytisolo... defenderemos la alegría, regaremos el ánimo, y llegaremos a la esperanza sabiendo que la vida es bella y que siempre “a pesar de todos esos pesares” nos esperaran amigos, amor, amigos, en cualquier parte. Frente al optimismo que nos proclama futuros de alza en las cotizaciones, queremos contraponer la esperanza, que no promete pero espera y siembra para recoger abrazos, amores, compañía, compañeros.
    Defender la alegría y el ánimo contra la promesa de los futuros de brotes verdes.
    Abrazos Fernando!!

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  2. Jopé Raúl!! Gracias por este regalo, que calienta el animo, que alimenta la alegría. Que palabras más sabias y con tanta fuerza!
    Gracias otra vez!
    Un abrazo

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  3. Gracias Fernando por esta inyección de ánimo , la alegría tan importante en estos días que nos ayuda a sacarnos la negritud , el miedo que nos paraliza , nos aisla e individualiza. Momentos, detalles, situaciones, conversaciones que nos producen momentos de felicidad, de sonrisa, de risa, capaces de cambiar nuestro "color" y el color de lo que nos rodea y de las personas que nos rodean.

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    1. Gracias a ti, por pasarte por aquí, por pararte a charlar y por compartir ese puñado de pequeñas alegrías que cambian el color de nuestros días. Un placer y un abrazo

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