viernes, 20 de septiembre de 2013

Qué dirá el santo padre...

Dice mi amigo Jose F. que "no parece muy republicano desear la abdicación de un rey".
Aprovechando el viaje, diré yo que "no parece muy agnóstico desearle larga vida a un papa".
Me acuerdo estos días mucho de aquella canción de Violeta Parra, que nos llegó a través de Quilapayún, y no puedo evitar que se me escape una sonrisa pensando en la úlcera de estómago de monseñor Rouco Varela a cuenta de las cosas que dice este papa Francisco.
Aunque me eduqué en un colegio de curas y hasta quise ser misionero cuando era adolescente, el tiempo me ha traído hasta el agnosticismo.
No creo en ningún dios, aunque me siento una persona espiritual y creo que no todo se reduce a la sola materia, que hay fuerzas que trascienden lo visible, lo tangible, la razón... que existen hilos que nos vinculan a las otras personas, a los animales, a la naturaleza, al universo.
De otra manera no se explicaría -en mi opinión- el amor, el altruismo, la solidaridad, la entrega a las demás personas, la lucha por un mundo mejor...
Respeto sinceramente todas las creencias, aunque tengo un grave conflicto con las religiones y, todavía más, con las iglesias. Mi problema empieza cuando las creencias particulares se convierten en dogma, en imposición, en ley, en poder...
Creo que las religiones y las iglesias han hecho mucho daño a lo largo de la historia, han sido causa de mucha violencia, de mucho sufrimiento, de mucho dolor. Con frecuencia han servido a los poderosos y han ayudado a la sumisión de los débiles.
Ya se que no todo ha sido así, que muchos hombres y mujeres de religión han entregado generosamente su vida por los demás, por hacer un mundo mejor y más justo. Pero, aunque hayan sido muchos, eran la excepción frente a la norma.
Un ejemplo de lo que digo está en nuestra historia reciente, en el papel de la Iglesia Católica, de su jerarquía, durante el franquismo y en su postura en estos años oscuros que vivimos.
Hemos visto a los obispos escandalizarse, llamar a la rebelión por la educación para la ciudadanía, el preservativo, la homosexualidad, el aborto... y callar como muertos ante la pobreza, el desahucio, la guerra, la injusticia, la pederastia... Jesús de Nazaret les hubiera llamado "sepulcros blanqueados" y les hubiera expulsado del templo con el látigo.
Por eso me pregunto que dirán Rouco y sus colegas ante los gestos y las palabras de este extraño papa.
Y, aunque sea agnóstico, le deseo una larga vida para que -ojalá- sea capaz de transformar la Iglesia Católica y hacer de ella un instrumento para construir un mundo mejor.
Amén.
 

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