viernes, 6 de septiembre de 2013

Vuelo nocturno

Voy volando alto, con los brazos extendidos como alas, deslizándome suavemente en grandes espirales, igual que un buitre, aprovechando los cambios de temperatura de las corrientes de aire.
Desde la altura contemplo todo el paisaje hasta una gran distancia, los cerros y los valles, el río que serpentea entre los chopos, los bosques de carrascas...
Desciendo ahora, muy lentamente, hacia aquella construcción parda que se confunde con el paisaje.
El lugar está rodeado de un muro de piedra con un gran portón de madera frente al cual me poso.
Cruzo la puerta y entro a un amplio patio, cubierto de hierba y grupos de árboles que crean zonas de sombra, al que se abren talleres y salas para realizar todo tipo de actividades artísticas, artesanales, creativas. También hay un amplio espacio diáfano para la meditación, una biblioteca y un lugar para escuchar música.
Ahora camino hacia una esquina del patio para entrar a la casa, excavada en tierra, como un inmenso pozo cubierto por una gran vela de barco, que deja pasar la luz y al mismo tiempo da sombra.
Está formada por tres pisos, unidos por escaleras de madera, que bajan hacia el fondo. En cada piso las habitaciones se disponen en círculo unidas por corredores y barandales de madera asomados al patio interior.
Al fondo del patio/pozo, un jardín con muchas plantas y nuevos rincones para el encuentro. En las épocas más frías se enciende un gran fuego en su centro.
Allí me siento en paz.
Y callo.
(Transcripción de un sueño)

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