viernes, 13 de diciembre de 2013

Más pobres

En Cádiz, hasta hace pocos años, las personas que mendigaban eran todas conocidas, personajes integrados en la vida cotidiana de la ciudad, pero ahora se multiplican en las esquinas y las puertas de las iglesias.
Hay muchos más pobres en las calles, durmiendo al raso, compitiendo por una limosna, viviendo de milagro.
En un conteo reciente de la gente que vive en la calle, partiendo de que los albergues para que pernocten las personas sin hogar están a tope, salían más de cien.
Los comedores sociales están al límite de su capacidad.Y eso que no se cuentan a los miles de personas que acuden cada mes a los bancos de alimentos, o a la Cruz Roja, para demandar víveres que les permitan sobrevivir. Están -invisibles- en sus casas, aunque puede que les hayan cortado la luz desde hace muchos meses.
Y es que esos nuevos mendigos son solo la punta del iceberg de la pobreza. Y lo que ocurre en Cádiz es, a escala reducida -porque la ciudad es pequeña- un reflejo de lo que ocurre en todo el país.
La crisis está empobreciendo a una gran parte de la población española. Buena parte de las familias hemos descendido uno o dos escalones en la escala social. Quienes formaban la "clase media-media" ahora no llegan a fin de mes. Quienes constituían la "clase media-baja" están hoy en el límite de la pobreza. Quienes ya eran pobres en la época de las vacas gordas, del consumismo desenfrenado, han alcanzado de golpe la miseria, la carencia de lo básico.
Las investigaciones dicen que hay más de 2 millones de niños por debajo del umbral de la pobreza en España.
Que no nos vengan con cuentos. Esto no es resultado de la fatalidad, ni de una catástrofe natural. No es que hayamos gastado por encima de nuestras posibilidades. No es que se haya volatilizado el dinero que ya no está en los bolsillos de una mayoría de la población, es que ha pasado a los bolsillos de una minoría que es hoy más rica que antes de la crisis.
El llamado "mercado del lujo" en España crecerá este año más de un 15%.
La crisis ha enriquecido a unas pocas personas y ha hecho mucho más ricas a quienes ya lo eran.
Esto no es una crisis, es una estafa, y se llama capitalismo.  

4 comentarios:

  1. Comparto el análisis y me sorprende que no se cuestione el capitalismo, como si fuera una ley natural.
    Lo unico que parece servir es la resignación y el salvese quien pueda.
    Muchas cosas tienen que cambiar.
    Entre tanto no está mal que llamemos a las cosas por su nombre.
    Un abrazo.

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    1. Pues si, Manuel, como dice Zizej, aceptamos más facilmente el fin del mundo que el del capitalismo.
      Pocas voces, al menos en la política, van al fondo de la cuestión. Como mucho se propone mejorar "lo que hay", pero no cambiarlo.
      Hasta que no quede otra.
      Habrá que seguir tirando de la estaca, sumando manos, hasta que caiga.
      Abrazotes.

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  2. Así es Fernando, como tú lo expones "Esto no es una crisis, es una estafa, y se llama capitalismo", Sin embargo, me gustaría reflejar, no por añadir nada a tu post, que los estafadores tienen nombre y todo el mundo sabemos quiénes son. Cuando digo todo el mundo, incluyo al poder político y al poder judicial, entre otros. Estos tienen la obligación y el deber de velar por la justicia que para eso les votamos. Pero lo que ocurre es que ellos están en el ajo. Forman parte de la estafa, del equipo de estafadores. Unos por ser testaferros de los caciques y otros por omitir y permitir que la justicia en este país sea un cachondeo, salvo para los que la estamos pagando. Por citar algunos: Carlos Divar, Blesa, Fabra, Camps, etc, etc, etc… una lista inagotable, además de la Infanta y el yernísimo, entre otros privilegiados que eluden el peso de la justicia por ser quienes son. Incluso el juez del 'caso Blesa', Elpidio José Silva, que ha amenazado con tirar de la manta “en cualquier momento”, yo diría que, por qué no tira, es que acaso los jueces no están para desvelar la delincuencia y encarcelarla. Qué está pasando en este país???

    Pues eso que hay que llamar a las cosas por su nombre y nombrar a los intocables corruptos que nos han traído al punto dónde nos encontramos.

    gracias y un abrazo

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    1. Si, Juan Carlos, quienes están ganando la guerra de clases tienen nombres conocidos, y sus cómplices nos gobiernan.
      También quienes la están(mos) perdiendo tienen caras y nombres, y a veces salen en los periódicos, como la familia que ha muerto por comer basura. Pero son bajas colaterales que no empañan la fiesta del capitalismo. Al fin y al cabo, todos los días mueren miles de personas de hambre y guerras, ya no son noticia.
      Pero, probablemente, lo peor, lo más culpable, sea nuestra indiferencia, nuestra pasividad, nuestra "normalidad".
      Un abrazote, amigo (y a ver cuando nos vemos)

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