viernes, 26 de julio de 2013

Los miedos del poder

El poder es, para entendernos, la capacidad de tomar decisiones que influyan en la vida de otras personas.
Hay una manera generalizada de entender el poder como algo que se obtiene (por la fuerza, por los votos, por delegación de otros más poderosos...), se incrementa y se defiende a toda costa: cuanto más tengas, mejor.
El afán de poder, al parecer, es un "instinto básico" tan poderoso como el sexo. Las personas obtenemos un gran placer del ejercicio del poder. Esto no vale solo para los gobiernos o las grandes corporaciones financieras, vale para todos los niveles de la vida social: hay mucha gente que experimenta una gran satisfacción por el hecho de ser presidente/a de la asociación de vecinos del barrio o jefe de sección en un centro comercial. Como dice el refrán "si quieres saber como es fulanito, dale un carguito".
El ser humano establece pactos, compromisos con otros, se organiza, crea "estructuras" que permitan conseguir más poder y mantenerlo todo el tiempo posible. Así nacieron los ejércitos, las iglesias, los partidos políticos, la mafia, las grandes corporaciones empresariales...
Esas "estructuras de poder" tienen un miedo fundamental: perderlo. Nada hay que les pre-ocupe y ocupe más. Todo vale para conservarlo.
Y una de las principales amenazas para el poder establecido es la participación. Si la gente tiene derecho a saber, a opinar, si puede criticar, cuestionar, discutir... entonces el poder se tambalea.
Así, vemos que incluso aquellas organizaciones más "progresistas", que propugnan -al menos en sus discursos- la participación como principio, cuando llega la hora de la verdad prefieren asegurarse el poder y no ponerlo en riesgo (¿lo has pillado, Susana?).
Esa es una forma de entender el poder muy extendida, si, pero viejuna.
Efectivamente, en los tiempos que corren, quienes se desviven por acumular más y más poder para si y "los suyos" van contra el sentido común y contra la historia.
En mitad de un cambio de era como el que estamos atravesando, el poder, la capacidad de influir, la capacidad de hacer y cambiar las cosas (las más próximas y las globales) está directamente vinculada con la cooperación entre las personas.
Paradójicamente, en la segunda década del siglo XXI, se tiene más poder cuanto más se comparte, cuanto más se distribuye, más se reparte, cuantas más personas interactúan, toman parte en él: "participan".
Esto es algo cada día más evidente en el ámbito de la economía y de la empresa, de la ciencia y el conocimiento, del arte y la cultura... pero también en el de la política y la gobernanza.
La ciudadanía reclama, en todas partes del mundo, más participación, más poder, más democracia.
Nuestros políticos y gobernantes son todavía de otra época pasada, no han entendido esto, creen en principios que ya no valen, que no sirven. Por eso serán inevitablemente arrastrados por el tsunami de la historia.
Están avisados/as.

viernes, 19 de julio de 2013

Propuestas para Protestas

Ayer por la tarde nos "concentrábamos" una docena escasa de personas frente a la sede del PP en Cádiz, dispuestas a protestar por la tomadura de pelo política que sufrimos cada día.
También había cuatro policías en moto y tres secretas, uno de los cuales asomaba vigilante la nariz por la esquina, como el agente secreto Anacleto.
Por poco, casi nos ganan los polis en número.
No hay que deprimirse: en Madrid y en otras grandes ciudades protestaban a la misma hora miles de personas; estamos en verano y en una ciudad con playa; la información no circula bien pese a las redes sociales; tal vez -incluso- se haya abusado de las convocatorias, quemando a la gente que se manifiesta siempre; el personal está desanimado y siente que las protestas no sirven de nada...
Eso sin contar con que ésto es Cádiz y aquí hay que... hay que joderse con la fama de cañera y revolucionaria tras la que se esconde una ciudad conservadora y conformista que solo se moviliza en y por los carnavales. Vamos, aquello de "mucho larala y poco lerele".
De modo que los cuatro gatos que allí nos reuníamos nos preguntábamos -para pasar el tiempo- qué se podría hacer para conseguir que las protestas tuvieran mayor impacto, consiguieran atraer a más -y nuevas- personas, cumplieran su función de denuncia social más allá del número de personas que lograran reunir.
Se nos ocurría -mientras veíamos pasar, toda chula, a la alcaldesa disfrutando del escaso éxito de la convocatoria- que sería divertido hacer una especie de "contra-escrache", en el que nos dedicáramos a lanzarle piropos satíricos: "¡Viva la alcaldesa sobre-saliente!¡Incorrupta!¡Alcaldesa, todos somos contingentes, pero tu eres necesaria!¡Viva la munícipe por antonomasia!" (recordando "Amanece que no es poco")", todo ello entre vítores y aplausos, hasta abrumarla de vergüenza.
También podríamos hacer, llevando al extremo el carácter de "concentración" que tienen muchas de las convocatorias, "concentraciones profundas" en las que la protesta consistiera en sesiones de meditación, en postura de loto, en el mismo lugar de la protesta, frente a la puerta del PP. Además de llamar la atención pública, sería muy útil y relajante para las personas "concentradas".
Aunque la verdad es que no hace falta estrujarse mucho el coco porque cada día aparecen nuevas formas de protesta.
Está, por ejemplo, el movimiento Femen que nació en Ucrania y se extiende por todo el mundo en el que las feministas protestan enseñando sus pechos desnudos, en una vuelta de tuerca del uso sexista del cuerpo de la mujer.
Y está también el Ejercito de Payasos Rebeldes, Insurgentes y Clandestinos, el Clandestine Insurgent Rebel Clown Army, CIRCA, nacido en Gran Bretaña y extendiéndose rápidamente por otros muchos países, que protesta contra la globalización y la guerra "haciendo el payaso", literalmente.
En esa misma línea, están las acciones de la Raspa Indignada, un colectivo surgido del 15M en Bilbao, que convoca "maniperformances" y otras actividades de protesta, pero siempre con humor.
Por hablar de Andalucía, aquí surgió el grupo Flo6x8, que utiliza el flamenco para la protesta contra los recortes, los bancos y otras estructuras de poder, y que han tenido una gran proyección en youtube.
Recientemente, tras las protestas masivas de la Plaza Taksim en Estambul, ha aparecido otra nueva forma de protesta, "El Hombre en Pie" -reflejada en la foto que encabeza esta nota- que utiliza el silencio y la pasividad como forma de protesta y que ha empezado a extenderse por otros muchos lugares de Turquía.
Y son muchos más los ejemplos -seguro que tu que estás leyendo esto conoces alguno- como los del colectivo Consume Hasta Morir, que utiliza la contrapublicidad como herramienta de denuncia, y otras muchas formas de "Artivismo" en las que el arte se funde con la protesta política.
Así pues, parece que el problema de la debilidad de las protestas no es la falta de imaginación -y en Cádiz, no te digo- ni la posibilidad de realizarlas de manera divertida.
Tal vez, lo que nos faltan son ganas de protestar. ¿No?

viernes, 12 de julio de 2013

Memorias de un machista

Cuando han trascendido -estos días pasados- las imágenes de las agresiones machistas en los Sanfermines, eran dos las reflexiones que me provocaban.
La primera, sobre el cinismo que implica criticar -también en los medios de comunicación- las agresiones sexuales en la Plaza Tahrir o las violaciones en la India, fruto del "atraso" de esos países subdesarrollados, mientras se disculpa que arranquen la ropa y toquen las tetas de las tías en Pamplona como un "exceso" derivado del abuso del alcohol. Cualquiera de los sujetos que aparecen en las fotos se sentiría probablemente indignado si se le equiparara con los violadores egipcios o indios, pero pertenecen a la misma especie repugnante.
La segunda reflexión que me planteaba es sobre el fracaso de la educación, en las familias y las escuelas, que no ha conseguido, al cabo de tanto tiempo, de tanto asesinato machista y tanto discurso sobre la igualdad de género, erradicar las actitudes machistas en la juventud de nuestro país. Es desalentador comprobar que el machismo permanece vivo y pujante entre nuestros jóvenes. Un machismo que considera a las mujeres como un mero objeto de placer sexual para los machos.
Pero, después de tranquilizar mi conciencia personal echando balones fuera y poniendo el problema en esos jóvenes y en el fracaso de la educación, dándole algunas vueltas más, el asunto no me parece tan claro.
El problema está en los más jóvenes, si, pero también en los menos jóvenes, en mi mismo, en todos los tíos. Yo también he sido criado en el machismo y, probablemente, aunque no sea -o no quiera ser- consciente de ello, he transmitido muchos de esos valores machistas a mi hijo.
Dicen por ahí que los varones no somos capaces de pensar más que en una sola cosa, siempre la misma. Que el sexo ocupa la totalidad de nuestra actividad intelectual. Seguramente es una exageración, pero también se que en mi historia personal, en las relaciones con los otros tíos, el tema del sexo, de "las tías que nos tiraríamos", ha estado siempre presente.
Es cierto que, con el paso de los años y gracias a la influencia de muchas mujeres que nos han educado a pesar nuestro, hemos ido cambiando un poquito y estas imágenes que hace algunos años nos hubieran hecho sonreír hoy nos producen repugnancia. Pero las raíces profundas del machismo están ahí, en todos los tíos y también -aunque parezca imposible- en muchas tías. E, incluso en los tíos a los que se nos supone un poco más "evolucionados", perviven muchos "micromachismos".
Así que no tengo nada claro como se soluciona esto, aunque, una vez más, se me ocurre que la respuesta empieza por mi mismo, por cada uno de nosotros, por nuestra casa y nuestro entorno más cercano.

sábado, 6 de julio de 2013

Por la mañana temprano...

Se despierta y se sienta en la cama con el cebollón que le produce la medicina para la alergia que toma al acostarse.
Se debate entre el sueño y la vigilia, con la tentación de dejarse caer de nuevo sobre la almohada.
Se incorpora y camina arrastrando los pies hasta el baño.
Allí se sienta a dormitar otro ratito, mientras vacía la vejiga.
Luego, haciendo un esfuerzo, se acerca hasta el lavabo y se moja con agua fría la cabeza y la cara para espabilarse un poco.
Vuelve al cuarto y, con cuidado de no despertar a la mujer que duerme, se pone el bañador y la camiseta. Coge la bolsa con la toalla, preparada desde anoche, y sale silencioso por la puerta.
En el ascensor se ve reflejado en el espejo: los ojos hinchados, la cara abotargada por el sueño. Bosteza.
Sale a la calle y camina hasta la rampa que baja a la playa, mientras ve al fondo el Campo del Sur y el Castillo de San Sebastián, iluminados por los primeros rayos del sol que se va levantando desde Medina Sidonia.
La playa está solitaria y en sombra. Ya han pasado los hombres que la limpian de las huellas de ayer, tan solo queda el que barre cansino la arena de la rampa y las duchas.
Deja, como siempre, la bolsa sobre la Piedra Barco y busca en la arena una zona lisa y firme donde hacer los ejercicios.
Empieza a calentar el cuerpo con la rutina de siempre: abre las articulaciones, mueve el cuello, los hombros, la cintura, las rodillas, haciendo estiramientos...
Ahora, saluda con la mano a Juanjosé, que fue futbolista del Cádiz y el Real Madrid, y va y viene todas las mañanas, de una punta a otra de la playa, caminando ligero.
Vuelve su atención a la respiración y al movimiento.
Con el cuerpo ya despierto, se coloca en la postura del "vacío": inmóvil, con los ojos cerrados, las piernas y los brazos ligeramente abiertos, las palmas de las manos mirando hacia la arena. Respirando tranquilo. Abriendo los oídos a los sonidos del mar. Haciéndose consciente del aquí y el ahora.
Y entonces, después de unos pocos minutos, cuando ya ha encontrado el estado de ánimo propicio, realiza una serie de ejercicios de chi kun, las "8 piezas del bordado", que aprendió hace años en los montes de Navarra y le han acompañado desde entonces.
Conoce bien los movimientos, las posturas, no tiene que pensar en ellas. Puede centrar la atención en la respiración, en la armonía y la lentitud de los movimientos.
De vez en cuando, pasa cerca un corredor mañanero o una pareja de mujeres mayores que caminan por la orilla, pero apenas los siente, atento a sus sensaciones interiores.
Al cabo del tiempo, que pasa ligero, sin sentir, completa la serie de ejercicios y vuelve a la postura del vacío durante unos minutos más, repasando las sensaciones, el calor de los músculos, el fluir de la sangre por todo el cuerpo, la brisa que acaricia su piel...
Entonces se quita la camiseta y la guarda en la bolsa.
Camina hasta la orilla, allí donde los primeros rayos de sol tocan el agua, y va entrando lentamente, dejando que el cuerpo se acostumbre poco a poco.
Luego se zambulle y nada despacio.
Es como si regresara al origen, como si se fundiera con el mar del que todos nacimos un día.
Y goza.