martes, 28 de enero de 2014

Podemos, si, pero...¿queremos y sabemos?

Voy a intentar no encabronarme más con las aventuras y desventuras de "las izquierdas".
Ya bastante nos toca sufrir con la derecha enfrascada en esta revolución neoliberal que pagamos en nuestras carnes precarias y nuestros mismos derechos, avanzando hacia la implantación del Estado del Malestar.
El caso es que, día si día no, surgen nuevas iniciativas que se proponen como LA solución al fraccionamiento que ha caracterizado, desde siempre, a las izquierdas.
Entre las últimas operaciones con mayor eco mediático están la iniciativa Podemos o el anuncio de una "revolución democrática y social" que será impulsada próximamente desde IU.
Pero tampoco debemos olvidar los intentos por promover un Frente Cívico, o impulsar Asambleas Constituyentes para una revolución ciudadana, o las Mesas Ciudadanas de Convergencia y Acción, o la Convocatoria Cívica, o las Alternativas desde Abajo...
Sin contar con las muy variadas agrupaciones políticas que, en los distintos territorios, combinan el pensamiento de izquierdas con mayores o menores dosis de nacionalismo, y dejando a un lado también a la llamada ecología política o al Partido X, a cuya ubicación en el tradicional esquema de derecha/izquierda se resisten.
Todas las iniciativas mencionadas se declaran "unitarias" y "participativas", todas se pronuncian por "otra forma de hacer política".
Vaya por delante nuestro máximo respeto a todas y cada una de ellas.
Parafraseando el nombre de una de esas iniciativas, no tengo ninguna duda de que PODEMOS, de que es posible respetar y hacer compatible la diversidad del pensamiento de las izquierdas con la necesidad obvia de acordar un programa común, que probablemente no satisfará por completo a ninguna de las partes pero nos permitirá reconocernos en torno a él a muchas personas, a una mayoría social imprescindible para impulsar los cambios sociales urgentes y necesarios.
Tampoco tengo dudas sobre la posibilidad de acordar listas comunes o, mejor aún, llevar a cabo primarias abiertas para que sean los ciudadanos y las ciudadanas quienes decidamos las listas electorales.
Probablemente, y especialmente para los paladares más exigentes, ambas cosas serán insuficientes para producir un "cambio de régimen" o para acabar de golpe con el capitalismo. Aunque no se me ocurre otro camino posible para avanzar hacia esos objetivos que comparto, salvo que creamos en los milagros.
Así que, en mi opinión, es -al menos teóricamente- posible y, desde luego, deseable.
Pero, para avanzar en ese camino de unidad -o, al menos, de alianza- me parece imprescindible que exista una voluntad sincera de las partes, que ha de estar hecha de generosidad, de humildad y ausencia de afán de protagonismo, de una cierta forma de entender el poder que consiste en repartirlo, compartirlo y no acumularlo.
Y, de la misma forma, o para llegar hasta ahí, hace  falta también una capacidad de escucha activa, de respeto mutuo, de habilidades sociales para la negociación y el acuerdo, para la construcción colectiva y el trabajo en equipo, que tampoco veo yo en quienes se pronuncian por la convergencia de las izquierdas.
Podemos, si, pero...¿queremos y sabemos?

sábado, 11 de enero de 2014

Buenas noticias virales

Me ha ocurrido muchas veces, pero cada vez que se repite sigue sorprendiéndome.
No se muy bien por qué me asombro pues parece que debiera ser lo normal.
Pero en este tiempo oscuro, cuando abunda el dolor y la tristeza, la bondad se revela más luminosa.
A lo que me refiero es a la fuerza magnética de las buenas noticias, al "efecto llamada" de la alegría sencilla que convoca a la gente y despierta empatías.
Un ejemplo de esto que digo son las imágenes, convertidas ya en un tópico, de las personas premiadas en la lotería de Navidad que llenan los informativos de televisión el 22 de diciembre.
Son imágenes conocidas, repetidas año tras año, fácilmente intercambiables.
Gente saltando de alegría, brindando por la buena fortuna, abrazándose entre risas y llantos, anunciando pequeños o grandes sueños que van a poder cumplirse.
Aunque no te haya tocado nada, aunque ni siquiera juegues a la lotería, es difícil no sonreír, no sentirse un poco afortunado ante esas explosiones de felicidad.
Otro ejemplo, más cotidiano, es el del éxito de las buenas noticias en las redes sociales.
Estos días pasados compartía yo las fotos con mi hijo Pablo, de vuelta a casa y a Cádiz después de más de un año de ausencia, emigrante -como tantos otros jóvenes de esta España antipática- en Dublín.
Y, de nuevo, la sorpresa por las decenas de reacciones y comentarios adhiriéndose a esta pequeña alegría familiar.
A mi también me gusta mucho sumarme a las buenas noticias de los amigos y amigas, hacerles sentir el calor de mi abrazo virtual o físico, no solo para acompañarles y reforzarles en sus felicidades, también en la certeza de que la alegría es contagiosa, que las buenas noticias son augurios propicios que convocan a otras también buenas y son la prueba evidente de que la bondad, la ternura y la belleza también existen.

viernes, 3 de enero de 2014

Paisajes navideños con gente linda al fondo

Estos días pasados me ha tocado pelar unos cuantos kilos de gambas y champiñones para las sucesivas comidas y cenas familiares propias de estas fiestas.
Es lo que pasa cuando se tiene una parienta maestra de la cocina (¡ya quisieran los de "Master Chef"!) y a uno le corresponde la humilde tarea del pinche ("pinche pinche", que dirían mis amigos mexicanos).
Yo me lo tomo con paciencia, me gusta ser pulcro y minucioso en las tareas que se me encomiendan y mientras las realizo me pongo la radio para pasar el tiempo.
En estas fechas señaladas -y en estos tiempos de estafa que llaman crisis aún más- abundan en la radio las historias de gente humilde y golpeada que pelea por sus familias, por sus derechos, ejerciendo la solidaridad y el compromiso, dándonos lecciones de dignidad.
Una de esas mañanas escuchaba a las mujeres de la corrala de vecinas La Utopía. Impresionantes.
Lo que más me llega de su testimonio es la alegría y la esperanza, y me siento orgulloso de ser parte de ese pueblo sencillo.
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Hablando de la radio, cuando estos días de vacaciones he salido a caminar por el Parque de Aluche (mi barrio durante más de 20 años, donde me casé y nacieron mis hijos) escuchaba por los cascos las músicas alegres (cumbias, bachatas, salsa...) de las cada vez más abundantes "emisoras latinas" (Radio Fiesta, Ecuatoriana FM, etc.) ubicadas en Madrid, que en estas fechas dedican sus emisiones a que los oyentes envíen, con sus canciones preferidas, sus deseos de felicidad a los paisanos emigrantes y a sus familias lejanas.
Me conmueven los acentos y las músicas, la ternura de los buenos deseos, la dignidad -de nuevo- de quienes tan lejos y tan cerca (en la distancia que se mide con el corazón) de su tierra, se buscan la vida en un entorno más y más difícil.
Este también es mi pueblo, cada día más mestizo, esta también es mi gente, que hace más hermoso y mejor este país de todos.
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El personal está(mos) con la cabeza p'allá. Lo que nos caracteriza, mucho más que el equilibrio soñado, es el desequilibrio tan fácil de encontrar. Y en estas fechas señaladas, con tanto vaivén, nos volamos todavía un poco más. Teniendo en cuenta la gran cantidad de gente "normal" (?) que sufre depresiones, ansiedades, angustias... que se disparan en este tiempo jodido de estafa que llaman crisis, lleno de incertidumbres y miedos, no me extraña que mis amigos oficialmente "loquitos" lo pasen tan mal.
Siempre le he tenido mucho miedo a la enfermedad mental, y especialmente desde que hace algunos años pasé por una depresión y le vi de cerca las barbas al lobo, comprobando lo cerca que se encuentra la frontera entre la locura y eso que llaman "lucidez". Por eso admiro tanto a quienes luchan cada día por quedarse a este lado de la línea, por mantener -con gran esfuerzo- ese mínimo de cordura que, si no la felicidad, si les da al menos cierta tranquilidad para poder seguir viviendo.
Estos días le enviaba a un amigo tímidas señales de apoyo en mitad de sus crisis de ansiedad, y él me contaba "lo importantes que son los abrazos, cuando sufres un ataque de pánico intenso, a veces mucho más eficaces que el chute de olanzapina".
Pues eso, "terapia de abrazos colectivos", es lo que necesitamos cada día más.